Niños de tiza

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Novelón poderoso ejecutado con un lenguaje plástico y muy visual, desarrolla las vivencias ya esbozadas en El gran silencio de Roberto Esteban, boxeador de
San Blas que esta vez en dos tiempos compagina un retrato de la Transición en que vivió con la actualidad en una suerte de relato policiaco de bajos fondos. Todos sabemos que Madrid no es Manhattan, ni San Blas o la Elipa, barrios ligados al glamour del Chicago año 30; a pesar de eso, David Torres sabe acercarse a sus personajes con el suficiente grado de cinismo y humanidad como para que la peripecia que se nos cuenta no esté exenta de gracia y colorido identificable.
Destacan personajes como el cura rojo, islamistas que merodean o las obras para convertir la ciudad en una promesa olímpica que no llega; conmueven seres como la alcohólica Lola o la discapacitada Gema, encontrada asesinada en una piscina y en torno a la que se pergeña un enredo que no desvelaré.
A su vez, la novela tiene una alta carga nostálgica, pareciendo su protagonista sentir en sus anhelos de niño como un fuelle que hoy ya no encuentra; ¿héroe cansado?, tal vez, pero no a la manera tradicional, sino sabiendo que si la infancia es patria, a veces más vale desclasarse de ella y oír lo que uno quiere oír.
Niños de tiza es también un collage aglutinante y hermoso, una novela no tan Toro salvaje como su predecesora y sí más V; relato de iniciación le llamarán otros, que empiezan a entender que esto de la literatura también va de cine, de televisión, de periódicos, de vida.

Calificación: Muy buena.
Tipo de lector: Nostálgico.
Tipo de lectura: Plástica y más simbólica de lo que en un principio puede parecer.
Argumento: Abundante.
Personajes: Bien dibujados.
¿Dónde leerlo?: Cerca de un ring de boxeo.


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