Trainspotting

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

El título de esta novela, que se llevó al cine con acierto, hace referencia al hecho de esperar la vida pasar desde las vías de un tren. Los personajes son supervivientes escoceses que, como sabemos, están enganchados a la heroína; de amigos y colegas que pasan por un proceso degenerativo que lleva a más de uno a morir enfermo. La idea del comportamiento incorregible hacia la maldad y su tratamiento debe mucho a La naranja mecánica y el clímax típicamente británico nos hace remontarnos en cuanto a su génesis a la más conocida y celebrada novela de Stevenson.
Se roza el patetismo y se trabaja una idea de la muerte que iguala a caídos por el terrorismo con estos desagradables seres capaces de cualquier cosa por conseguir sus dosis, se drogaron un día por placer y no pueden dejar de hacerlo. Son David, Sick Boy o Mark, aunque también hay mujeres que abusan del buen tipo que deja el caballo para matar de impotencia psíquica a sus novios actuales y por venir.
Juega con la dislocación espacio-temporal. Por otro lado cuesta entrar en la atmósfera en un principio, siendo su desenlace oportuno, claro y brillantemente lúcido. Basado en hechos reales, el libro cuenta con decenas de criaturas, algunas de las cuales aparecen y se pierden. Diario, narrador omnisciente, diálogo casi teatral y narrador pegado a la acción nos sugieren una apertura de miras sin la que hubiera sido más fácil contar más con menos.
El protagonista, por tanto, más que Sick Boy, es la heroína, su rito y el tráfico de voces y pululaciones que a este modo de vida circundan, agradeciendo no sólo la rica mezcolanza de géneros, sino también la adopción de un punto de vista diferente que pierde fuelle si se ve anteriormente el filme, lo que suele ser un error común en estos casos.

Calificación: Brutal, más incluso que la película.
Tipo de lector: Dispuesto a ver lo peor de cada cual.
Tipo de lectura: Subyugante.
Argumento: Por todos conocido.
Personajes: Novelescos.
¿Dónde leerla?: En una cafetería de la Golden Mile de Edimburgo.


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