Cuadros de caza

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Leer a Roger Peyrefitte me produce la misma sensación que tenía una amiga mía -hija de un conspicuo alcalde de Figueras- que fumaba cigarrillos Lola: la certeza de tener una fábrica trabajando en exclusiva para mí; porque según avanzo por las páginas dudo que nadie más sea capaz de adentrase en algo tan empastado y tan largo.
Descontado Las amistades particulares, el resto de su obra es catálogo, vademécums en los que la novela es el pretexto para la enumeración. Su prosa es monótona y agotadora. Sus temas favoritos son la diplomacia (Las embajadas), la Iglesia (Las llaves de San Pedro), la depravación (Roy), o la francmasonería (Los hijos de la luz).
Cuadros de Caza es la biografía novelada de Fernand Legros, indefinible personaje, enriquecido por turbios negocios de comercio de pintores impresionistas, postimpresionistas y de la escuela de París -hedonista y epicúreo- que pasó su vida envuelto en interminables procesos legales, arrastrando una corte de muchachos de acá para allá y cultivando inquietantes relaciones políticas. Escandaloso y polémico.
Su vida le permite a Peyrefitte desarrollar sus apabullantes conocimientos adquiridos sobre el mundo de los traficantes de arte –marchantes, galeristas, espertises, coleccionistas, falsarios- y sobre los laberintos jurídicos de los millonarios.
París, Nueva York, Ibiza, Río de Janeiro, Ginebra.
Como siempre, el escritor francés pasea su lengua, bífida y envenenada, por las páginas de papel, haciéndola chasquear como un látigo.
Por supuesto, abre el armario para que salgan todos.
Como suele suceder, la realidad supera cualquier tipo de ficción, el anecdotario deviene mitología, y la trama termina convirtiéndose en un vodevil.
El absurdo como mecanismo lógico.
Cuadros de caza o la vida extraordinaria de Fernand Legros es valioso por su minuciosidad, por la recreación en el detalle, por la crónica de época y la revelación de secretos. Por el rescate del personaje.
Ni que decir tiene –culmina su prólogo Peyrefitte- que todas las personas que nombro en este libro, salvo los muertos, los abogados y los jueces de instrucción, van a jurar que no conocieron nunca a Fernand Legros.
Legros nació en Ismaelía en 1931.
Roger Peyrefitte murió en París en 2000 con noventa y tres años, envuelto en el escándalo, pero confortado por los sacramentos de la Iglesia.

Calificación: Extraordinario.
Tipo de lector: Muy interesado y pertinaz.
Tipo de lectura: Espesa y eterna.
Argumento: Delirante.
Personajes: Insólitos.
¿Dónde puede leerse?: En el café de una de las grandes pinacotecas.
¿Dónde encontrarlo?: Intentarlo en www.iberlibro.com


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