Cuentos humorísticos y sentimentales

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

La vida de Hans Christian Andersen, danés de origen,  poco tiene que ver con estos cuentos populares que aportaron un incentivo a la lectura a los más jóvenes durante el siglo XIX, y es que el inventor de El soldadito de plomo o La princesa y el guisante, a pesar de ser subvencionado en su carrera como escritor y viajante, murió sólo y amargado en lo que fue el fin de una vida prolífica y exitosa.
En sus ideas, algunas de ellas inconclusas en el drama y donde abunda la personificación de objetos variopintos y la descripción exhaustiva, probablemente se fijarían otros escritores, como aquí en España, Emilia Pardo Bazán.
Lo primero en que nos fijamos es en la capacidad no tanto para humanizar objetos como para convertir a los personajes en meros envoltorios preñados de acción y moraleja; una acción a veces reiterativa (Pedro el afortunado) para marcar finales hoy predecibles y otras mil veces subvertidas por lo ingenuo de la propuesta (El patito feo).
Susceptibles de ser subvertidos a sentidos más hondos y satíricos unos, siempre requieren de un esfuerzo en la trama no tanto para ser seguidos como para imaginarlos. Faroles que sienten, diversos juguetes, animales que cobran vida,… ; todo ello de forma artificiosa, inexacta y fallida, nos hace ver que es más recomendable utilizar la televisión para educar a niños que leerles un cuento antes de dormir, traspasando la buena fé con la que quizás antes se leían.
Querámoslo o no los tiempos han cambiado y tiene poco sentido, en parte también por el mundo cargado de inmediatez en que vivimos, hacerse demasiado eco de este libro, al menos desde la edición de Edimat.

Calificación: Demasiado ingenuo.
Tipo de lector: Con él los niños descubrían el mundo, hoy ya nacen sabiendo latín.
Tipo de lectura: Pesada.
Argumento: Plúmbeos.
Personajes: Arquetipos de supuesta bondad/maldad, sabiduría/ignorancia.
¿Dónde leerlo?: Cerca de una chimenea.


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