El hombre en busca de sentido

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

El testimonio de Viktor Frankl es aterrador y, al mismo tiempo, alentador. Narra su llegada y estancia en los campos de exterminio alemanes durante la época en la que los nazis obligaron al ser humano a preguntarse si después de todo aquello el arte era posible, la vida seguía siendo vida y el ser humano un ser racional. Lo hace intentando buscar explicaciones al comportamiento de unos y otros; explicaciones que -ya avisa el autor desde el principio- no terminan de convencer al lector que mira la escena instalado en un territorio ajeno que le impide tomar conciencia de lo ocurrido. Nadie puede llegar a comprender algo tan tenebroso puesto que es difícil, incluso, que una persona normal pueda creer que algo así pudiera ocurrir. Los campos de exterminio forman parte de las cloacas humanas que sólo una realidad terca han hecho real para la humanidad.
Divide la obra en tres fases buscando movimientos en las mentes de, sobre todo, los hombres (por una cuestión de experiencia personal limita a los varones su mirada) que fueron víctimas. Añade, al final, unos conceptos básicos de logoterapia que entran de lleno en la zona técnica de esta búsqueda. Aunque son las tres fases primeras las que hacen importante este libro.
No esconde Viktor Frankl su tendencia hacia lo sagrado tratándolo como un anclaje fundamental del individuo si quiere encontrar un sentido a su existencia. Sin Dios cerca es difícil encontrar la idea que acompaña el método de análisis psicológico que utiliza el autor.
El libro no es nada del otro mundo si nos fijamos en calidades literarias. Tampoco intenta serlo. La importancia de la obra, que es extraordinaria, llega desde el testimonio y de esa luz que se ve al final de un túnel casi eterno abierto por una banda de locos rodeados de poder que entendían el mundo de forma equivocada y destructiva.
Se pueden señalar frases, párrafos completos. Por su ternura, por su brutalidad, por inexplicables.
Un buen libro que edita Herder con prólogo de José Benigno Freire y traducido al español (con gran acierto) por Christine Kopplhuber y Gabriel Insausti.

Calificación: Excelente.
Tipo de lector: Con aguante.
Tipo de lectura: Fácil.
¿Dónde puede leerse?: A las puertas de una sinagoga.
¿Dónde puede comprarse?: En tu librería habitual.


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