Cuatro Ojos

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Demasiado poco es lo que ofrece Sascha Hommer en su cómic Cuatro ojos.
Un grupo de adolescentes se drogan buscando nuevas experiencias, las chicas sufren de anorexia, la pobreza es algo estupendo que te permite vivir fuera de los circuitos convencionales. Es decir, lo que viene llamándose juventud. Y, es decir, algo que ya sabemos.
Uno busca la aportación, la novedad narrativa en cada página. Más que nada porque la editorial Sins entido suele publicar trabajos de calidad. Pero nada. En este trabajo no se encuentra nada de nada.
Un trazo correcto y poco más. Un diseño de página muy normalito en el que las elipsis funcionan porque no tienen más remedio y el ritmo narrativo no se altera porque tampoco hace falta al ser mediocre. Unos diálogos muy superficiales que no llevan a ninguna parte y unos personajes estereotipados. Eso es Cuatro ojos. Hommer intenta la originalidad al introducir un personaje en forma de perro que comienza hablando (el lector piensa al comenzar en el Milú del Tintín más primitivo) y termina siendo otra cosa (no desvelaré la trama). Pero el intento se queda en una salida poco airosa y en una especie de disfraz para un relato vacío y contado un millón de veces.
Se agradece que la carga moral no aparezca por ninguna parte. Tal vez sea el único acierto de la obra porque no sé qué hubiera sido esto si, además, nos hubieran intentado educar lo más mínimo.
Es posible que Cuatro ojos pueda gustar a algún adolescente. No estoy seguro. Porque se puede ser joven, pero no es obligatorio ser simple a causa de la edad.

Calificación: Muy normalito.
Tipo de lectura: Vacía de toda emoción.
Tipo de lector: No logro pensar en alguien en concreto que pueda leer esto y quede satisfecho.
Argumento: Entro en un mundo y salgo de él.
Personajes: Todo estereotipo está representado.
¿Dónde puede leerse?: En la puerta del instituto si no hay nada mejor que hacer.
¿Dónde puede comprarse?: Ahorren esfuerzos.


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