La montaña mágica

Artículo escrito por: Augusto Prieto

La montaña mágica es el relato de una convalecencia, y para ser fiel con el asunto el escritor alemán Thomas Mann utilizó todos los recursos que una mente poderosa puede manejar, destacadamente la persistencia necesaria para haber desarrollado y concluido con éxito una narración de una extensión enorme, que unida al tono moroso y a la ausencia verdadera de un argumento -en el sentido convencional de la palabra- convierten la obra para el lector en algo que parece, como la misma convalecencia del protagonista Hans Castorp, que no se va a terminar nunca. No es extraño que su autor la considerara una novela del tiempo, porque el tiempo, como vemos, es una de las claves del libro, sobre la que reflexiona y con la que trabaja, un tiempo que se dilata para los enfermos, para el narrador, para los lectores.
Por supuesto en una obra tan larga y tan densa cabe todo, hay largas páginas de solemnidad plúmbea entreveradas con descripciones y pensamientos sublimes.
Hubiera sido imposible recrear de otra manera la atmósfera literaria de ese gran sanatorio en Suiza, clausurado por las montañas, cercado por la nieve y los meteoros, en donde una sociedad variada y cosmopolita pretende la curación de sus cuerpos -e intuimos que de sus almas también- en una civilizada reclusión.
En el todo, y en cada uno de los capítulos, el lector podrá encontrar los símbolos y las metáforas que prefiera, especialmente de la sociedad y la situación política en Europa en los momentos previos a la Gran Guerra.
Sabemos que Thomas Mann acudió a visitar a su esposa, ingresada en un sanatorio en Davos, en donde gestó ésta obra que tardó catorce años en concluir, se publicó en 1924.
La montaña mágica es la gran novela de la morbosidad y de lo patológico, en ella Mann nos habla sobre la enfermedad, la monotonía relativa de una vida estrictamente reglada y ordenada, aislada del mundo exterior, donde los pensionistas intentan una seguridad imposible frente a las incertidumbres de la existencia humana y cuyo epítome es su tema más evidente: la enfermedad como antesala de la muerte. Una novela densa de reflexiones sobre el comportamiento humano y la sociología del sufrimiento.
Para comprender Der Zauberberg en su complejidad, el lector debería investigar sobre la evolución del pensamiento germánico en la época del escritor, el planteamiento de sus sistemas filosóficos y morales, los mecanismos de su idioma, porque más que novela es un compendio, en el que se mezcla lo político en su sentido más positivo y más profundo. Es imposible leerla sin pensar en esa montaña mágica como en un Venusberg, y en su protagonista como un buscador del conocimiento y la verdad, un caballero Parsifal en busca del Grial que tropieza con una pasión amorosa enfermiza y extraña que atraviesa los géneros, crece y se apodera de él encarnada en una exótica mujer del Daguestán.
En ese Sanatorio Internacional Berghorf en donde se filosofa, se experimenta con el espiritismo, se estudian la botánica y la astronomía, se reclaman duelos de honor y se asiste a los últimos y asombrosos adelantos de la ciencia y la técnica, mientras los internos comen sibaríticamente, toman vinos y licores sin medida y fuman excelentes cigarros.
Thomas Mann nació en Lubeca, en 1875 y murió en 1955 cerca de Zúrich, su legado es polémico.

Calificación: Muy intensa.
Tipo de lector: Paciente e intenso.
Tipo de lectura: Lenta y extenuante.
Argumento: Escaso.
Personajes: Excepcionales.
¿Dónde puede leerse?: Ingresado en un sanatorio.
¿Dónde encontrarlo?: Pídelo en tu librería habitual o en www.libreriamendez.net


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