Te vas a reír cuando te lo cuente

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

De una localidad de Albacete es el autor, Félix J. Velando, de este descacharrante libro. Publicista de estudios y guionista de profesión. Estos nueve relatos editados por La Página van de la sátira blanca a lo coral; de esta primera tendencia vemos ramalazos del mejor humor de Joaquín Reyes y su famoso grupo Muchachada Nui, mientras que la coralidad recuerda al mejor José Luis Cuerda; son cuentos éstos irreverentes y hasta cierto punto marcianos por lo explosivo de su propuesta sobre el cotidiano delirante; cuentos fraguados en una espontaneidad trabajada y que da mucho de sí, tiernos y crueles como el de la novia de Elvis, brillantes como el increíble y sugerente Pezones, que en realidad podría ser segunda parte (y no última) de Una noche en la tele, en tanto en cuanto ambos comparten a un tal Peralada, un contra alter ego nada ocasional.
Es difícil encontrar verdadero sentido del humor en la literatura en España, y este libro la tiene. En sus páginas hay algo más que un buen chiste, una voluntad, si acaso algo reiterativa, por contar las cosas con gracia; tiene en su ligereza y aparente falta de pretensiones a su mejor aliado y maneja el tiempo con gran solvencia, arrancándonos la carcajada tras varias sonrisas solapadas, por acumulación, sabe reírse de y con lo excesivo y sesudo en literatura, aportando una visión que desacraliza tantos altares encumbrados por un afán supuesto de trascendencia. Además sabe jugar bien con las palabras sin caer en el galimatías.
Relatos muchos rurales con personajes de la capital que tiran para el terruño, coralidades que no se entienden más que desde una firme actitud de crear y crear personajes que definen un mundo cercano y lejano a la vez, borroso y nítido, como la vida misma.

Calificación: Muy divertido.
Tipo de lector: Dispuesto a no dejar títere con cabeza.
Tipo de lectura: Agradecida.
Argumento: Nueve historias más sobre lo humano que sobre lo divino.
Personajes: Risibles.
¿Dónde leerlo?: En la Roda, mientras compramos Miguelitos.


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