El amante de lady Chatterley

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Aunque pueda chocarle el comentario a quienes no hayan tenido la oportunidad de leerla y la conozcan de referencias, El amante de Lady Chatterley es una novela con un profundo mensaje moral y social; su autor, D. H. Lawrence creó unos personajes determinados y los enmarcó en un paisaje muy concreto -que sabemos que conocía porque es el de su infancia- con la voluntad palmaria de que la sociedad de su tiempo se cuestionara a sí misma, evaluase sus valores y analizase su desarrollo.
El presunto erotismo que no es tal, el escándalo que provocó su publicación en 1927 por la manera en la que describe una relación sexual, con crudeza y sin prejuicios, no pueden ni deben empañar unas reflexiones que hoy, con casi un siglo de distancia, siguen siendo válidas sobre la deriva de la sociedad mecanicista hacia la deshumanización, en la que las masas viven anestesiadas por las migajas del capitalismo; la desaparición paulatina del espacio agrario, la hipocresía burguesa frente a la libertad sexual, la lucha de clases y la búsqueda de un regreso a la inocencia que se sabe imposible.
El enfoque es pesimista y cruel, profundamente desesperanzado respecto de la raza humana; es el que tiene Oliver Mellor, el guardabosque, El amante de Lady Chatterley.
Lawrence no es muy sutil –más bien se niega a serlo- y nos descubre las cartas antes de tiempo, aunque es capaz de crear con acierto un ambiente de frustración, en el que nada puede ser perfecto ni completo: residencias señoriales acosadas por la fealdad de los pueblos mineros, días radiantes estropeados por la lluvia, orgasmos desacompasados, flores que se marchitan.
La novela no resuelve la relación de Constance Chatterley porque tampoco lo pretende, solo deja una puerta entornada sobre un futuro mejor.
Antes de terminar hay un viaje y unos intercambios de cartas que son un despliegue pirotécnico después de muchas páginas de desesperanza, miedo y desolación.
La publicación de El amante de Lady Chatterley estuvo prohibida durante más de treinta años porque los tribunales la consideraron pornográfica, en el Reino Unido y en Australia, en Canadá como en Japón, en la India y en los Estados Unidos; después, D. H. Lawrence ha sido criticado por su manera de acercarse a la sexualidad femenina, se ha considerado desacertada su investigación sobre la psicología de la mujer y se le ha tachado de machista; una lectura atenta evidencia infinidad de matices que impiden al lector ser categórico en sus juicios.

Calificación: Espléndida.
Tipo de lector: Agazapado y algo cotilla.
Tipo de lectura: Inquietante.
Argumento: Intenso.
Personajes: Riquísimos en matices.
¿Dónde puede leerse?: En la campiña inglesa un día de lluvia.
¿Dónde encontrarlo?: Pídelo en tu librería habitual, o por ejemplo en www.libreriamendez.net


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