La habitación amarilla

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Hablar de un libro de poemas es, siempre delicado. Más que nada porque, generalmente, el que lo hace no sabe si habla del poemario o de él mismo. Muchos artículos críticos o reseñas intentan explicar lo que no se puede. Creo que fue Juan Carlos Suñén, hace ya muchos años, quien me dijo que un poema explicado era un poema muerto. Algo con lo que estuve de acuerdo desde el primer momento.
Y hablar de un libro de poemas firmado por este autor es, además, un verdadero reto. Juan Carlos Suñén es un poeta mayor; posiblemente, de entre los que están vivos, uno de los tres o cuatro mejores de habla hispana. Al mismo tiempo, su literatura es difícil, rebosa tonos excesivos para los que se acercan a la poesía por primera vez; para los que ya cuentan con cierta experiencia lectora también aunque la cosa es más llevadera. Pero, claro, estamos hablando de poesía y eso significa experimentación con el lenguaje, la construcción de un universo en el que el personaje va creciendo con cada sílaba, el uso de las palabras exactas. Las concesiones de cara a la galería están de más. Nada dicho en un buen verso puede decirse de otro modo distinto.
La habitación amarilla es el último poemario de este autor madrileño. Cierra con él la trilogía que encabezaba El viaje de todos y tuvo continuidad con La misma mitad. Una obra excelente que habla de las aristas que la realidad presenta para un poeta; una realidad que se crea dejando claro lo que es: casi todo eso que los otros no alcanzan a ver más lo que llamamos realidad. En este libro de poemas se construye, además, al hombre que se alza sobre sus propias cenizas (las pasadas, las de ahora y las que serán), las que quedaron al ser padre, amante, amigo, observador; las que quedaron al dejar de ser él mismo en otros. La realidad se dibuja con los trazos del ser, del deseo, de la ausencia, del no ser, del amor o la venganza; para colocar en el centro a un narrador que quiere ser la propia humanidad.
La poesía no puede explicarse aunque sí puede entregarse a modo de recomendación. Este es un fragmento que creo servirá para animar a los posibles lectores:

La habitación amarilla dispone sus muchos libros entre
los ventanales insistentemente revisitados por la brisa
arrugada de la desilusión, pone oído a la noche y deja
de echar de menos al pobre como a la madre. Lo que
cierra ninguno lo abre. Lo que abre ninguno lo ve.

Calificación: Excelente.
Tipo de lectura: Reposada, exigente.
Tipo de lector: El que tenga ganas de comprobar hasta donde se puede llegar con el lenguaje.
¿Dónde puede leerse?: En El Bierzo.
¿Dónde puede comprarse?: En tu librería habitual.


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