Carroñero

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Tal y como sugiere Carlos Salem en el prólogo, este prometedor escritor peruano (Fernando González Nohra) escribe toda una fábula de cine mudo. O que nos deja mudos. El regador regado, resume a fin de cuentas y de una manera gráfica las aventuras que aquellos primeros iluminados del celuloide plasmaron en sus películas. Sólo que el gag absorbe de lleno, cual uppercut de boxeador, en la conciencia del lector, siendo éste cómplice de su riesgosa visión del mundo, acercándonos a un coso taurino donde se torea espontáneamente, con humor, aún a sabiendas de que la supervivencia y el mirar a través de submundos que conoce, le convierten en testigo de excepción de lo narrado.
La acción transcurre en una Lima crepuscular, que como Doctor, el perro del que se hace cargo Gonzalo, narrador en primera persona, sirve de correlato a lo que se quiere contar. Doctor es el perro de un amigo psicoterapeuta, que sin saberlo, participa de la acción como lo hace el de The Artist; es un actor más dentro de un entramado mental, el del protagonista, por el que trata de superar su bloqueo como escritor y su relación con García.
Y es que Gonzalo no se mueve. O eso al menos les parece a los demás, que lo ven como un tarambana que se pasa el día en el Z, sentado en su sillón con forma de culo. Mónica lo espera, pero él es prepotente. Armanda le parece una estúpida instalada en el establishment y del chino poeta, para qué decir. Todos tan distintos como iguales a él. Todos carroñeros.
Plagada igualmente de expresiones locales del Perú, es increíble su versatilidad con el castellano de Valladolid, algo que ya le lleva a ser tenido en cuenta fuera de su patria.

Calificación: Muy buena.
Tipo de lectura: Amena, sencilla.
Tipo de lector: Todo aquel que disfrute observando.
Argumento: De un error vital y la capacidad de tomar las propias riendas.
Personajes: Cómicos con sus dosis de tragedia.
¿Dónde leerlo?: En un lugar cómodo.


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