Apocalipsis figurado de los Duques de Saboya

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Se atribuye -tanto por la documentación histórica como por el aparato heráldico- al mecenazgo de los duques de Saboya el encargo de una transcripción fragmentada del Apocalipsis, iluminada y comentada.
El códice pasó a la Casa de España a través del legado de Margarita de Austria y se conserva en la biblioteca del Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial.
Texto e imágenes siguen la estela exegética de los beatos de Liébana aunque situados en un cómodo pos-milenarismo.
El libro demoró casi un siglo en producirse, y fue a partir de 1428 cuando participaron en su diseño al menos un escriba y tres ilustradores que integran en sus cuarenta y nueve folios un repertorio pictográfico y ornamental de gran belleza e importancia capital que transita entre lo medieval y lo renacentista.
La edición facsímil de Edilán, de 1980, permite estudiar con detenimiento la superposición de informaciones que contiene, a saber: un cuerpo iconográfico compuesto por noventa y siete cuadros que interpretan la visión que Juan tuvo en Patmos, enmarcados en excepcionales orlas de miniatura, de página y de caja, auténticas selvas intrincadas de flores, ramas, pájaros y motivos en las que las letras capitulares brillan como joyas, copia fiel del original mediante la estampación directa de película metálica para el oro, proceso que se realizó para esta edición por primera vez en nuestro país; revisitar el sueño del apóstol, una visión demencial de simbolismo arcano pero enorme belleza poética que adelanta las investigaciones surrealistas; conocer los rebuscados comentarios de Berengarius, que hacen coincidir las visiones con la historia de la iglesia, en un afán de interpretar lo imposible; dejarnos guiar en las miniaturas por los comentarios de Carmen Santiago Agut, y poner, en fin, la obra en su contexto con su presentación e introducciones.
Todo es notable, singularmente la conclusión en imágenes que cada uno de los ilustradores saca del texto bíblico, que oscilan entre la fidelidad a lo descrito, la búsqueda de una belleza formal, y una libertad imaginativa e ingenua con la que elaboran una verdadera narración gráfica, en la que destaca por lo curioso la presencia del autor, Juan, en sucesivos cuadros subordinados, como espectador de lo revelado, en los que demuestra todos los posibles estados de ánimo que suscita lo contado.
La obra se presenta en una excepcional encuadernación, en plena piel color sangre con estampaciones en oro, con un tomo complementario.

Calificación: Excepcional.
Tipo de lector: Interesados en iconografía y estudios bíblicos.
Tipo de lectura: La guía de las miniaturas es muy útil y cómoda de seguir.
¿Dónde puede leerse?: En la sala del tribunal, durante un juicio.
¿Dónde encontrarlo?: Libreros especializados y subastas.


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