Día de mercado

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

James Sturm deja claro en este cómic su particular forma de ver las cosas. Esta vez sitúa la acción en el este de Europa durante finales del siglo XIX o principios del XX. En plena llegada y evolución de la revolución industrial. Con un dibujo precioso, un texto cuidado y económico y el gráfico exacto; cuenta cómo un artesano se topa con un nuevo mundo, un entorno en el que lo que sabe hacer no servirá de nada, un territorio en el que prima la abundancia de lo material y en el que el trabajo se debe distanciar de lo artístico. Día de mercado es un cómic estupendo.
Aunque no todo el mundo lo ha sabido apreciar en su justa medida. Por ejemplo, se ha criticado que el uso de los silencios no tienen sentido, que el trazo no enseña nada que no sepamos. Sin embargo, ese uso de los silencios es perfecto si tenemos en cuenta el estado anímico del personaje que evoluciona rápidamente. Al comenzar el día, ese personaje es capaz de ver más allá de las cosas para convertirlas en parte de su trabajo; cualquier detalle puede ser transformado en una imagen perpetua que será parte de diseño de un producto. A partir de un momento determinado, ese mismo personaje ve una casa donde hay una casa, ve un animal donde hay un animal. La realidad que está obligado a vivir se impone sin concesiones. Por ello, el autor deja que ese mundo se plasme en la retina del lector para que pueda sentir las mismas sensaciones que su personaje. El cómic se llena de guiños al lector que quiere participar, pero hay que entenderlos.
La economía en el trazo y en el discurso hace que podamos fijarnos con detenimiento en cada viñeta. Y, sobre todo, el uso del color buscando las tonalidades de la luz en la imagen hace de la lectura un rato más que agradable.
Hay que señalar que el autor sabe lo que tiene entre manos. Es algo que debería ocurrir en todos los casos. Un autor está obligado a conocer la técnica narrativa aunque sucede más raramente de lo que debería ser. James Sturm diferencia bien entre lo que es una novela y lo que es un relato. Mientras en la novela se presenta un mundo entero y un punto de vista que lo explica, en un relato el autor ha de centrarse en un momento en el que algo cambia dentro del personaje, en el narrador e, incluso, en el lector. Sólo una pequeña parte de ese mundo, sólo un momento determinado que rompe algo dentro del personaje. Y este relato de Sturm es fiel reflejo de lo que digo. Una lección narrativa.
Merece la pena acercarse a este tebeo. Es muy agradable su lectura.

Calificación: Muy bueno.
Tipo de lectura: Rápida, amena. Debería ser pausada.
Tipo de lector: Con cierta inquietud por los personajes y por lo que queda debajo de lo narrado.
Argumento: El mundo que se viene abajo y vuelve a creer sobre sus propias cenizas. Cada instante.
Personajes: Muy bien perfilados. El protagonista evoluciona rápido y sin fisuras.
¿Dónde puede leerse?: Frente a un monumento que recuerde el pasado.
¿Dónde puede comprarse?: En tu librería habitual.


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