13,99 euros

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Autodestructiva, nihilista y falsamente hedonista resulta esta lúcida visión de la publicidad, escrita desde dentro del oficio por Frederic Beigbeder, para hacer reventar todos y cada uno de los engranajes por los que subsiste. Su autor emplea un manuscrito lleno de notas existenciales con propósito de que vean la luz y así despedirse como creativo senior de una agencia que, llevando la campaña de Madone (marca que no existe, pero que resulta fácilmente reconocible), debe hacer un spot para la línea de productos Delgadín.
Octave, que así se llama quién empieza narrando en primera persona, para convertirse sólo en los puntos suspensivos de un claim vulgar contado por ellos, sabe del poder de las palabras como subterfugio que seduce por sí mismo, siendo consciente de que con ellas no se cambiará el mundo, sino que como mucho, se maquillará para que parezca otra cosa; por debajo de un oficio demasiado bien pagado para soportar toda ética, Octave pasa de ser conductor de deseos insatisfechos o morbo, a convertirse en un ramplón y exquisito cocainómano en cura de desintoxicación. Desde el principio, su visión del mundo es aberrante, pero él ejerce de amo que con su pluma es capaz de dominar el mundo. No pide que sus anuncios gusten o no. Da por supuesto que es muy bueno, porque lo que hace vender él, pobre diablo, es insólito; él, a quién le gustaría gustar sólo por haber escrito menos de la mitad de medio párrafo de lo que cualquiera de sus admirados escritores muertos dejó escrito en cualquier cuartilla.

Calificación: Demoledora.
Tipo de lectura: Asequible; existe hasta una película con este material.
Tipo de lector: Capaz de vislumbrar un falso techo sobre lo lúdico en publicidad.
Argumento: Diario de un naufrago vital, que no profesional.
Personajes: Nuevos ricos.
¿Dónde leerlo?: En una cafetería cercana a AZCA, lugar de ejecutivos.


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