Amarillo

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Pequeña nouvelle que tras la desaparición de su autor ha terminado por convertirse en su buque insignia; pieza que es parte contratante dentro de la labor periodística de su autor, que en este caso hace una reflexión sobre la memoria en la ficción, memoria que hace preguntas y no ofrece respuestas, que escribe y borra, al basarse en un sustrato tan sumamente delicado como es el suicidio de un amigo del protagonista narrador. Narrador en cuya voz presta salario Félix Romeo, aunque no sólo es él; recuerda este juego al que realiza en sus novelas Javier Cercas, pero temáticamente y gracias a la utilización de la segunda persona, se asemeje también al delicioso libro de Gonzalo Suárez, El asesino triste.
El finado por despecho y culpa hacia sus amigos es Chusé Izuel, un nombre pergeñado desde un dialecto aragonés, al igual que el de su amigo Bizén. Izuel ha conseguido publicar un libro de cuentos que es analizado con minuciosidad por el otro; los tres habitaron un piso de estudiantes en la ciudad condal y de sus neuras y autodestrucciones habla su amigo como si de un heterónimo de Pessoa se tratara, confesando que en toda voluntad de suicidio, por más que se quiera intelectualizar con Vila-Matas, existe un patético proceso que causa una hilaridad diabólica y cruel en los otros, que se trata de justificar desde la culpa y el dolor.
Hay ciertos libros que se pueden leer desde la timidez, el recato o la desmesura; desde la llaneza o el delirio, y nada más peligroso, por cierto.
De todo ello y de la voluntad habla esta pequeña obra metaliteraria publicada tres años antes a la muerte de su autor, desaparecido, entiendo, en circunstancias muy diferentes.

Calificación: Interesante.
Tipo de lectura: Fácil, aunque a veces desagradable.
Tipo de lector: Aficionado tanto al periodismo como a la ficción.
Argumento: El suicidio como tentación literaria.
Personajes: Bien delimitados.
¿Dónde leerlo?: En el campo.


Comentarios cerrados.