La historia de Geji II

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Hay que tener mucha paciencia para culminar con éxito la lectura de esta novela, que en su segunda parte –Los relatos de Uji- no deja de ser La historia de Genji porque se continúe en las vicisitudes galantes de sus sucesores espirituales -Kaoru y Niou-, sino que ellos recogen el testigo de la elevada categoría de Genji y se prolongan en su sombra, compitiendo en diferentes aventuras galantes.
Paciencia, porque los personajes se nombran siempre por sus títulos, que además varían en el tiempo; porque los capítulos se solapan, rompiendo el orden natural del relato, que es lento y extenuante; y porque las acciones son apenas el esqueleto de una obsesión amorosa sobre la que Murasaki Shikibu trabaja hasta el agotamiento, asimilando cada movimiento de los personajes a los ciclos de la naturaleza y los rituales cortesanos.
Y quizás sea por retratar a una clase aristocrática y exclusiva, por la insistencia de la autora en recuperar por la memoria ese mundo idealizado, puede que también por la extensión del relato y -por supuesto- por la presencia constante de la obsesión y los celos, y su tendencia a la introspección, por lo que se ha comparado con frecuencia Genji Monogatari con otra búsqueda, con otro temps perdu.
El lector común, ese common reader virginiano, se asombra al conocer que Jorge Luis Borges consideró La historia de Genji más compleja que la de don Quijote, o que Marguerite Yourcenar afirmase que nada se había escrito mejor en ninguna literatura. Ignorante por completo del canon poético japonés, alejado de la profundidad de su pensamiento filosófico, e incapaz de apreciar en todos sus detalles la armonía que sostiene la vida social de la corte Heian, ese lector común sí que concuerda, sin embargo, con Octavio Paz y otros autores en que Shikibu se puede comparar a los grandes clásicos occidentales, como Cervantes o Balzac.
La historia de Genji está considerada como la obra maestra de la literatura dinástica japonesa; fija mediante insertos y referencias el canon clásico de la poesía antigua, y su impacto en la pintura es notable y prolongado en el tiempo. El tono de la narración es contenido, todo se realiza exactamente, nada es feo, los matices de los colores son numerosos y los aromas excesivos.
La atmósfera de la obra es fiel al ideal de poesía como la forma artística superior, el modo más perfecto de la comunicación humana, recoge la idea el traductor de la edición de Atalanta, Jordi Fibla, que trabaja sobre la versión en inglés de Royall Tyler y otras en la lengua original asistido por su mujer, japonesa; añade un glosario general, otro –destacado- de indumentaria y colores, un tercero de cargos y títulos, así como las fuentes poéticas. Diferentes planos de La Ciudad, el palacio y una casa ideal son de gran ayuda en la representación física de los espacios, primordial para interpretar el texto.
Murasaki Shikibu, a quien se atribuye con fundamento la autoría de La historia de Genji, (que por eso se conoce también como Murasaki no Monogatari, El cuento de Murasaki) formaba parte de la corte de la emperatriz Akiko; nació en el año 973, en esa época la región de Kanto, donde se asienta Tokio, se conocía como El Este, era una zona remota e inculta.

Calificación: Refinado.
Tipo de lector: Intenso.
Tipo de lectura: Exigente.
Argumento: Los tres primeros capítulos (42 a 44) son inconexos, a partir del 45 se desarrolla una historia convergente y opresiva.
Personajes: Angustiados por la pasión amorosa.
¿Dónde puede leerse?: En uno de los jardines de Kioto.
¿Dónde encontrarlo?: En cualquier librería de cierta categoría.


Comentarios cerrados.