Los perros y los lobos

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Irène Némirovsky encubre, bajo la apariencia de una historia de amor y sacrificio, la eterna maldición de los judíos.
El retrato, pero también la crítica y la reivindicación de Shylock.
Irène Némirovsky lo vio todo, y todo quiso contarlo para que nunca se olvidase: los pogromos, la emigración, el hechizo siniestro de la pobreza que marca de por vida a quien lo sufre en la niñez. Hay una valentía inmensa en retratar a esa raza maldita en el momento crucial de la Historia; de hacerlo al margen de todo el ruido de fondo que la silenciaría con el terror dos años después de publicado este libro.
En 1942. En Auschwitz.
Dio muestras con ello de ser un espíritu inmortal e independiente.
Una escritora imparcial y sensible. Grande.
Supo captar porque era el suyo, el apasionado alma ruso, pero también (también eran suyas) la dureza del corazón de los burgueses de Francia; la desesperación de los miserables y la avidez de los opulentos; la amargura del exilio interior y del exterior, que lleva a todo ser humano –ayer, hoy, mañana- a sentirse extranjero, perdido y solo.
Vio las raíces del miedo y de la religión, las ataduras de la raza.
Es cierto que en algunos momentos roza el cliché y el melodrama, pero la escritura de Iréne Nèmirovsky es tan diáfana, tan honrada, tal alejada de toda pretensión, que el conjunto supera todo escollo.
Los perros y los lobos, tiene descripciones hábiles; habla de la infancia como marca indeleble que modela la personalidad, como pecado original; de la tenacidad con la que muchas mujeres -sobre todo- son capaces de perseguir los sueños que se resisten; de la obra de arte como llave.
El inicio es dickensiano, simbólico como las pinturas de los templos medievales; el final esperanzador.

Calificación: Buena.
Tipo de lector: Cualquiera.
Tipo de lectura: Diáfana.
Argumento: Apasionado.
Personajes: Firmes en su carácter.
¿Dónde puede leerse?: En París, en un exilio.
¿Dónde encontrarlo?: En tu librería habitual.


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