La hija de Robert Poste

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Parte, esta divertida novela de la prolífica escritora inglesa Stella Gibbons, de la incomprensión que supuso para Emily Brönte, la publicación de su obra magna Cumbres borrascosas, que numerosos intelectuales ingleses han imitado por resultar tremendamente andrógina. O al menos eso parece, pues la Gibbons pretende algo más concreto y es ridiculizar a un viejo amante que alcanzó el éxito antes que ella, quedándose anclado en un romanticismo a lo Wordsworth que según adivinamos no es más que mala copia del original. De la necesidad de parecer moderno en un entorno claustrofóbicamente chapado en el machismo y la vieja inglesa campiña victoriana va esta irreverente novela que no deja títere con cabeza, llegando incluso a atribuir cualidades propias de la neurosis reinante a cuatro vacas que por allí pastan y a la parravirgen, cualidades sexuales que permiten la reproducción de sus habitantes por vía espontánea.
Flora se va a vivir, ante la defunción de su padre, a la casa de los Starkadder, núcleo familiar que es en sí mismo un enfisema dañado por la ingenuidad y el recato de costumbres, y en el que cada uno a su modo sale adelante sin abandonar neuras ni excentricidades. El objetivo de la protagonista es doble en este contexto: casarse y escribir una novela, una vez acumule los datos necesarios. Mientras el día a día transcurre con el trabajo en el campo y las visitas de gente que aparece y desaparece, el entorno estrecho y provinciano se convierte en algo asfixiante para ella, y divertido para el lector.
Sin cumplir con la industrialización, esta visión lúcida de la naciente nueva burguesía nos es pintada con decrépita ironía blanca.

Calificación: Divertidísima.
Tipo de lector: Quién quiera saber de donde nace eso que llamamos flema británica.
Tipo de lectura: Amena, irresistible.
Argumento: Flora Poste y sus agudas visiones del mundo.
Personajes: Muchos, todos ellos ricos.
¿Dónde leerlo?: Cerca de Covent Garden.


Comentarios cerrados.