Rastros de carmín

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Mezclando el cartelismo, la fotografía, el collage y la ficción-realidad, el reseñista y estudioso estadounidense Greil Marcus, radiografía desde la sociología del arte una historia secreta del siglo XX, que sin obviar las revueltas protestantistas de la Edad Media o los movimientos de comuneros en el París decimonónico de Haussmann, comienza por analizar como revulsivo trascendental, la formación del grupo musical Sex Pistols en Inglaterra, abanderados de la causa punk que a su vez debe tanto a Dadá como a los situacionistas, en gran parte de sus proclamas.
Todo empieza como termina, desde una reivindicación libertaria a un movimiento minoritario hoy, pero que cambió la forma de pensar de una época o al menos hizo época; ¿indignados?, no lo sé, el caso es que los tres jóvenes que formaron la banda abogaban por consignas hoy no del todo ausentes; mayo del 68 está cerca y si algo se hereda de los chicos que declamaban poesía en el Cabaret Voltaire Dadá, es su reivindicación a la enfermedad mental, a llevar la vida contradictoria que todos desearíamos, a la libertad como metáfora que aniquila a todo bicho viviente o a la separación entre arte y vida, de tal forma que el primero sea sublime por sí mismo. Bebemos del surrealismo y el pop para destrozarlos y se planean acciones o performances tan dantescas y ruidosas como la sociedad que les ve vivir: desde el ataque a Notre-Dame hasta el boicot a Charles Chaplin, existiendo detrás un fondo ideológico ligado a los neonazis.
La locura vista hoy desde la ternura del 15-M poco tiene que ver con las ideas violentas de los enfermos, y si se les llega a estigmatizar en la actualidad, puede deberse también a esto.

Calificación: De cierto interés.
Tipo de lector: Reivindicativo, pero que le guste estudiar.
Tipo de lectura: Didáctica.
Argumento: Análisis de la radicalidad imperante. El autor vaticinaba una vuelta a estas ideas en los 90.
¿Dónde leerlo?: ¿Quién dice que los punks no van a las bibliotecas?


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