La casa de las bellas durmientes

Artículo escrito por: Carmen Neke

En el artículo que Mario Vargas Llosa dedica a este libro en La verdad de las mentiras, el autor peruano señala muy acertadamente lo difícil que es para un occidental leer literatura escrita en un idioma y desde un modo de entender el mundo tan distantes de los nuestros como son los japoneses. Pero esta vez el problema no radica en mi opinión tanto en la traducción del primero como en la aceptación del segundo: Vargas Llosa hace una lectura ética de esta novela sobre una casa donde los ancianos caballeros pueden dormir abrazados a jóvenes desnudas que duermen bajo los efectos de un narcótico, viendo en el erotismo que la impregna el decadentismo propio de las culturas avanzadas que han dejado a un lado el sexo como medio de perpetuar la especie y se han entregado a él como forma de placer refinada y un poco perversa. Esta es una lectura que revela la tradición de pensamiento cristiano de quien la hace, y que poco tiene que ver con el universo literario de Kawabata.
Yasunari Kawabata se muestra en sus obras commo un autor esencialmente amoral en cuestiones amorosas, sus protagonistas masculinos buscan la satisfacción de sus deseos como algo que les corresponde por derecho y sin que los sentimientos de las esposas que dejan en casa o de las mujeres a las que persiguen jueguen papel alguno en el proceso. Las impresiones sensoriales del protagonista de La casa de las bellas durmientes van a ser el detonador de la memoria y de las reflexiones que le van a ocupar tanto como la contemplación y el disfrute de los hermosos cuerpos desnudos de las jóvenes que duermen a su lado, y este microcosmos erótico-sensorial va a ocupar la totalidad de la novela: el protagonista no vive a los ojos del lector más que en las noches que pasa en la casa de las bellas durmientes y en los recuerdos que estas noches sacan a relucir en su memoria. Y la sensualidad extrema y a veces incluso cruel que le domina durante las horas nocturnas va a retratar a Eguchi, mejor que cualquier descripción exhaustiva de su figura podría llegar a hacerlo, como un hombre mayor que se acerca a la muerte y que tiene miedo de no haber vivido lo suficiente. El erotismo y la decadencia presentes en la novela no son los de una cultura o los de una moral determinada, sino los de un hombre que no se resigna a despedirse de los placeres de los sentidos porque forman parte integrante de su identidad.
Calificación: Único en su categoría.
Tipo de lector: Cualquiera con paciencia para leer un libro sin argumento y sin acción.
Tipo de lectura: Intrigante y sensual, con un toque de melancolía.
Engancha desde el principio.
No le sobra ni una página.
Argumento: El señor Eguchi descubre en la casa de las bellas durmientes que yacer junto al cuerpo desnudo de una joven que duerme es una experiencia capaz de remover lo más profundo de su espíritu.
Personajes: El señor Eguchi y sus bellas durmientes, tan diferentes todas ellas en su hermosura común. Con la presencia invisible de los otros clientes, y la sombra de la muerte que lo preside todo.
¿Dónde puede leerse? En la cama, mientras su pareja duerme.


Comentarios cerrados.