Conversación en La Catedral

Artículo escrito por: Augusto Prieto

La novela concebida como opera omnia, en la más pura tradición flaubertiana, embarcó a Mario Vargas Llosa en un ejercicio literario intenso, extenso y ambicioso, que consiguió llevar a puerto con la precisión y la minuciosidad de un maestro.
El mérito es enorme, porque Vargas Llosa era, cuando transcribió esta Conversación en La Catedral, un escritor joven; porque estaba en la periferia del vasto mundo del idioma español; porque ensayaba además renovar el género sin dejar de ser fiel a una herencia literaria sólida ni renunciar a la libertad de su universo personal. Por todo, el escritor peruano dicta una lección que hizo dar un paso de gigante a la literatura iberoamericana.
Una obra decisiva.
La construye con ráfagas, pero sin perder el hilo narrativo. Son retazos de conversaciones que se han encasquillado en las cabezas de los personajes y que regresan como vómito para poblar sus recuerdos. Dispuestas hábilmente, con acierto e inteligencia, obligan al lector a no dejarse llevar por la comodidad, desafiándole a esforzarse sobre la novela como el novelista lo hace en una composición sin fisuras, como se disfuerzan los personajes en vivir para nosotros esas vidas que componen una urbe, y un cosmos de sentimientos.
Porque hay una insistencia en cartografiar una ciudad, cuyos tonos coloreó Mario Vargas Llosa como lo hicieron otros escritores –Juan Goytisolo, Virginia Wolf- con otras ciudades infinitas, se escondan estas bajo los nombres de Lima, de Tánger o de Londres.
Dos hombres hacen balance de sus vidas en una conversación donde se mezcla lo contado con lo escuchado y lo vivido, dilatándose a un presente inamovible que los tiene atrapados, que es la ciudad, que son las circunstancias que definen un país multiforme y complejo, con numerosas cuentas pendientes que saldar que el novelista pone negro sobre blanco.
Conversación en La Catedral está compuesta sobre una estructura firme y compleja, como las grandes sinfonías o las más poderosas pinturas murales.
Es una novela grande. Reflexiva sobre la condición humana.

Calificación: Obra maestra.
Tipo de lector: Cualquier lector con inquietudes debería proponerse leerá.
Tipo de lectura: Requiere atención pero no es oscura.
Argumento: Riquísimo.
Personajes: Extraordinariamente atractivos.
¿Dónde puede leerse?: En Lima, claro.
¿Dónde encontrarlo?: En cualquier librería de Hispanoamérica.


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