El fin de las embajadas

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Ya hemos hablado en éstas páginas -refiriéndonos a su novela Las llaves de san Pedro- de Roger Peyrefitte, escritor y francés; y hemos dicho de él que fue deliciosamente mordaz y malvado. Dejamos por el momento pendiente la recensión de Las embajadas, un libro que precede narrativamente a este, porque tratamos con dos obras autónomas.
Allí, en una Grecia hedonista, Peyrefitte se adentra con nosotros, de la mano de Georges de Sarre, en el ambiente del mundo diplomático que ambos conocen muy bien, puesto que los dos, escritor y personaje, pertenecen a La Carrera; un grupo iniciático y sectario.
Aquí, el marqués de Sarre, vive los momentos convulsos de la guerra, con media Francia ocupada por los nazis, mientras en la otra mitad, el régimen de Vichy intenta contemporizar con el ocupante.
De alguna manera, El fin de las embajadas es un exorcismo y una sátira, pero también una novela en clave y una reivindicación, la de un mundo que desaparece, también la de muchos franceses que intentaron mantenerse a flote como pudieron sin perder la dignidad. Por eso hay cierta complacencia con el gobierno colaboracionista de Petain y es que ya lo preguntó Caín, ¿acaso soy el guardián de mi hermano? ¿acaso podemos erigirnos en jueces desde nuestras cómodas butacas? Si lo vamos a hacer, al menos intentemos entenderlos a todos como hace De Sarre.
El fin de las embajadas, es la crítica de una sociedad hipócrita.
El relato es gélido, como corresponde al tema y al momento, carente de emoción, casi notarial; por eso sus sarcasmos son más hirientes y sus bromas más dañinas. Es una visión diferente de la ocupación durante la que la diplomacia no se detuvo, pero feneció; una visión bastante cínica, pero que percibimos cierta.
A mi Peyrefitte me encanta. No se lo recomiendo a nadie porque no me gusta ser insultado, y comprendo que escribió para una minoría; además sus novelas son difíciles de encontrar, incluso en Francia. Todo en él tiene un aire antiguo: el pulso narrativo, el lenguaje, las explicaciones exhaustivas, las anécdotas en las que debemos de ubicar a determinados personajes de la intrahistoria; pero su composición es tan hermosa, que no está de más que el protagonista nos recuerde las palabras de Mareste, el amigo de Stendhal: el mal gusto conduce al crimen.

Calificación: Excelente.
Tipo de lector: Cínico.
Tipo de lectura: Diáfana.
Argumento: Lineal.
Personajes: Diplomáticos.
¿Dónde puede leerse?: Sentado en la terraza de un café, place de L´Etoile.
¿Dónde encontrarlo?: Puede intentarse en www.iberlibro.com o www.uniliber.es


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