El desprecio

Artículo escrito por: Carmen Neke


El desprecio de Alberto Moravia es un libro que todo el mundo se debería haber leído, además de ser una obra de referencia imprescindible para todo el que quiera saber cómo se escribe una historia desde un punto de vista único y subjetivo. El narrador, Riccardo, dice ya en el primer párrafo de la novela:

La presente historia pretende explicar como, mientras yo seguía amándola y no juzgándola, Emilia, por el contrario, descubrió o creyó descubrir algunos defectos en mi y me juzgó y dejó, en consecuencia, de amarme.

Y esta frase ya es un ejemplo perfecto de la sutil manipulación del lector que el narrador llevará a cabo con su relato. Riccardo no deja pasar ocasión para insistir en su superioridad intelectual frente a su mujer, un ser de clase baja y pocos estudios interesada solamente en el bienestar hogareño. Por eso cuando Riccardo se va percatando de que el amor y la admiración sin límites que Emilia sentía por él se han ido transmutando en desapego, frialdad y finalmente en ese desprecio que da título a la obra, se viene abajo como persona. No es capaz de resistir la confrontación con la mirada del otro, esa mirada que desenmascara la impostura de la imagen ideal que tiene de sí mismo y conforme a la cual se ha retratado como personaje en la novela. Moravia es absolutamente magistral en su técnica de reflejar cómo se va resquebrajando la autoestima de Riccardo a medida que los acontecimientos le despojan del status de intelectual que creía tener ante los demás y que justificaba toda su existencia. Magistral porque es la voz de Riccardo la única que oímos en el relato, y este desenmascaramiento lo va a ir revelando el propio personaje en su lucha por negar la evidencia, un juego de puntos de vista tan sutil en su transfondo como ligero en la propia narración, que se lee como una vulgar historia de fracaso personal de unos seres sin mayor trascendencia.

Calificación: Una obra maestra.
Tipo de lectura: Al alcance de cualquiera capaz de sostener un libro en sus manos.
Engancha desde el principio hasta el final.
Lo único que le sobra es la foto de Brigitte Bardot en la portada de mi edición.
Argumento: El poder aniquilador de la mirada ajena.
Personajes: Podrían ser los vecinos de al lado. O nosotros mismos.
¿Dónde puede leerse?: Tumbado al sol, o en casa mirando la lluvia.


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