jul 7 2011

Las ciudades invisibles

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Pequeños relatos poéticos de envergadura. El escritor cubano, Italo Calvino, afincado en Italia, aprovecha unos apuntes de cuaderno para trazar una fina línea en torno a los pensamientos que comunica Marco Polo a un emperador oriental; cómo son las ciudades de hoy y ayer, cómo serán las de mañana. En torno a la memoria, el nombre, el cielo o los ojos, hay en estas historias, que podrían ser microcuentos o poemas largos, todo un diapasón por acumulación que va de lo homogéneo a lo heterogéneo, de lo vivaz a lo mortecino, del ingenio a la pausa, para finalmente desvanecerse. Su intento es tan perspicaz, que cuenta con la desmemoria del que no subraya, sin tildarlo de inconsciente.
Tiene que ver este libro, se ha dicho, con Las mil y una noches; además, Venecia cobra importancia como ciudad de mercaderes, pero también Siena, de una manera subyacente deja verse desde una Plaza del Campo donde no sólo se celebran justas medievales, sino que se le da una importancia sublime a ese bien común que es el agua, verdadero motivo de orgullo en torno a la eterna rivalidad con florentinos. Siena tiene esta importancia como la tiene la ruta de peregrinación franciscana, que parte de Canterbury, atraviesa Francia e Italia, y llega hasta Tierra Santa.
De ancestros, pues, va la cosa. De cómo recorren puertos y mares, gobernadores y civiles, de cómo los primeros tratan de mimetizarse en los segundos, y viceversa, de cómo la idea existe antes que el hombre que sueña.

Calificación: Excelentes.
Tipo de lector: Amantes del libro como objeto compilador de sensaciones y no tanto líneas argumentales.
Tipo de lectura: Tranquila, sosegada. En poco espacio se dice mucho.
Argumento: Lo urbano como en natural decadencia.
Personajes: Sirven a su entorno a la perfección.
¿Dónde leerlo?: Recorriendo la Toscana.


jul 5 2011

Madre mía, que estás en los infiernos

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Tremenda novela escrita por, Carmen Jiménez, periodista andaluza, cuya carrera o especialización en ONGs la hace especialmente partícipe de la historia de Adela, una dominicana profesora que vive en sus carnes no sólo una huida hacia delante en España para conseguir plata, sino también un cuadro familiar como para que éstas se abran. De un dramatismo y verismo atroz, Jiménez se maneja mejor en la descripción que en otros recursos narrativos, se la nota documentada en cuanto a los usos del idioma en Latinoamérica, arriesgando con una primera persona a través de la que intercala otras voces, otras vivencias, otros personajes.
La atmósfera es densa y, si bien no le falta hondura a la propuesta en forma de contra-parábola, es posible que la cadencia tan llevada a la vez al realismo mágico y al terror, quede demasiado insistida en la psicología aguerrida y cálida de Adela, una mujer de armas tomar, cuyo conflicto principal, no por más asociable a los malos tratos, pierde importancia.
En ocasiones, la autora comulga con ruedas de molino y lo hace bien (cuando al poco de conocer a Reinaldo, ella le apunta con una pistola) y en otras quizás deviene antinatural por demasiado escabrosa para el conjunto.
La descripción del infierno no sólo de una mujer con problemas en sus relaciones, sino con una familia que como hogar permanece descoyuntada, agresiva y prácticamente desestructurada y donde la religión y el maquillaje de cuerpos, dan un aporte cultural poco conocido, son características de este sorprendente y desasosegante debut literario datado en 2007.

Calificación: Muy interesante.
Tipo de lector: Inquieto y temido.
Tipo de lectura: Escalofriante.
Argumento: Adela llega a Madrid, es profesora en su país natal, pero debe conseguir dinero y no tiene más remedio que ejercer de interna.
Personajes: De enjundia todos.
¿Dónde leerlo?: En Alaska, por lo de la temperatura.


jul 4 2011

Celia muerde la manzana

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Premio Barral de novela en 1971, se trata de la primera incursión en lo narrativo de María Luz Melcón, asturiana prometedora, que bien por la pacatería de los críticos de la posguerra o por puro azar, no volvió a ser publicada posteriormente. La modernidad no sólo temática de su propuesta así lo atestigua, modernidad que pasa y traspasa lo permitido, transgrediendo códigos y comportamientos y aportando a un tipo de vida gris en un convento de monjas, las consecuencias de los por entonces temidos subidones de hormonas de las novicias, utilizando la misma idea de Dios a través de san Patricio, como mediador de instintos obsesivos.
Alternando un narrador pegado a la acción con el monólogo interior fragmentario que llega en ocasiones al flujo interno de conciencia, el libro consigue hoy cautivar, mientras en su época no se supo entender sus afanes revulsivos y sarcásticos. Tal vez ahí exista un encanto, no sólo para erotómanos, sino para aficionados a una sana provocación.
El uso del monólogo tal vez se vea legitimado por la poesía y en este sentido, la autora utiliza la tradición ascética y mística muy a su favor, dibujando un clima de represión a través del que personajes como Esperanza o Adela se dejan ver como fantasmas tragados por la conveniencia del recato y el silencio, cuando no son realmente culpables más que de inventar cuentos en el jol del convento mientras fingen estudiar filosofía.
Imagino que los 70 eran aún tiempos donde hablar, aunque fuera mal de un libro como éste, al menos ayudaba a ser comprado de tapadillo.

Calificación: Necesario a todos los niveles.
Tipo de lectura: Sencilla, honda.
Tipo de lector: Desprejuiciado aún hoy.
Argumento: Celia, trasunto de heroína de revista, se metamorfosea en novicia con ganas de vivir.
Personajes: Vintages.
¿Dónde leerlo?: Cerca del mundanal ruido.


jul 2 2011

La guerra contra el cliché

Artículo escrito por: Carmen Neke

Esta recopilación de artículos y reseñas de Martin Amis recoge trabajos publicados por el autor en la prensa británica y norteamericana entre 1971 y 2000. Si los artículos más antiguos son la obra de un angry young man bastante desconocido, los últimos son colaboraciones de un escritor establecido y de fama mundial. Hay una evidente diferencia de tono entre los primeros y los últimos, el propio Amis reconoce en el prólogo que los años y la experiencia como escritor le han enseñado a moderar sus observaciones más hirientes, pues ahora sabe todo el esfuerzo y el amor que cualquier autor dedica a su obra, y le parece que esto es algo que debe ser respetado cualquiera sea el resultado final.

Lo que no quiere decir ni mucho menos que Martin Amis esté a favor de la nivelación de la literatura ni de la crítica literaria. Amis no es un escritor que comenta libros desde su visión artística de la literatura, es un estudioso de la lengua inglesa y su literatura que además escribe libros. Y esta distinción no es banal, sus reseñas son auténticas críticas literarias que analizan la forma, el lenguaje, la estructura y el contenido de la obra, a la que sitúa cada vez en el contexto de su tiempo y de otras obras y autores, sin caer en el biografismo indiscreto (excepto en contadas ocasiones, como cuando acusa a Norman Mailer de escribir y publicar libros en serie para poder pagar la alimentación de todas sus ex-mujeres) ni olvidarse del lector (como reprocha a James Joyce haber hecho al escribir Ulises). En una palabra, Martin Amis sabe de lo que habla cuando habla de literatura.
En una entrevista publicada en El País en 2006, Martin Amis declaró:

Lo que no tolera la sociedad actual es que pueda haber una suerte de élite en el mundo literario. El afán de allanar las diferencias, de buscar una nivelación, de manifestar que todos pueden hacer lo mismo puede a la larga terminar con este trabajo. Lo comentábamos hace poco con unos colegas en Boston: la literatura tal como la entendemos se ha acabado, no existe. Todo viene del radicalismo del 68, donde se defendía que no hay opiniones superiores, que todos valemos lo mismo. Pero el talento no se reparte de manera igualitaria. Algunos lo tienen, otros no. Eso se respeta en el mundo de la ciencia, pero no en la historia, la novela o la sociología. En esos campos se da por hecho que todos valen lo mismo.

Este libro resulta una lectura imprescindible para quien quiera recordar cómo era la literatura antes de que un igualitarismo mal entendido la relegara a las catacumbas intelectuales.

Calificación: Desigual y estupendo a partes iguales.
Tipo de lectura: Para aprender deleitándose.
Tipo de lector: De los que se alimentan de literatura.
Le sobran montones de líneas, pero igualmente engancha.
¿Dónde puede leerse? En un café literario frecuentado por artistas postmodernos. Una tumbona cercana a algún chiringuito playero es otra opción igualmente válida.
¿Dónde puede comprarse? En una buena librería, preferentemente.