Celia muerde la manzana

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Premio Barral de novela en 1971, se trata de la primera incursión en lo narrativo de María Luz Melcón, asturiana prometedora, que bien por la pacatería de los críticos de la posguerra o por puro azar, no volvió a ser publicada posteriormente. La modernidad no sólo temática de su propuesta así lo atestigua, modernidad que pasa y traspasa lo permitido, transgrediendo códigos y comportamientos y aportando a un tipo de vida gris en un convento de monjas, las consecuencias de los por entonces temidos subidones de hormonas de las novicias, utilizando la misma idea de Dios a través de san Patricio, como mediador de instintos obsesivos.
Alternando un narrador pegado a la acción con el monólogo interior fragmentario que llega en ocasiones al flujo interno de conciencia, el libro consigue hoy cautivar, mientras en su época no se supo entender sus afanes revulsivos y sarcásticos. Tal vez ahí exista un encanto, no sólo para erotómanos, sino para aficionados a una sana provocación.
El uso del monólogo tal vez se vea legitimado por la poesía y en este sentido, la autora utiliza la tradición ascética y mística muy a su favor, dibujando un clima de represión a través del que personajes como Esperanza o Adela se dejan ver como fantasmas tragados por la conveniencia del recato y el silencio, cuando no son realmente culpables más que de inventar cuentos en el jol del convento mientras fingen estudiar filosofía.
Imagino que los 70 eran aún tiempos donde hablar, aunque fuera mal de un libro como éste, al menos ayudaba a ser comprado de tapadillo.

Calificación: Necesario a todos los niveles.
Tipo de lectura: Sencilla, honda.
Tipo de lector: Desprejuiciado aún hoy.
Argumento: Celia, trasunto de heroína de revista, se metamorfosea en novicia con ganas de vivir.
Personajes: Vintages.
¿Dónde leerlo?: Cerca del mundanal ruido.


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