Madame Bovary

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

De las tres novelas del XIX que tratan sobre el tema del adulterio en la mujer, quizás sea ésta la más moderna, no sólo porque está escrita en Francia, donde la burguesía cuaja de forma más progresista en las mentalidades inconformistas tras la Revolución Industrial. Esto se debe al perfeccionismo enfermizo de un autor descontento y pesimista, lucidísimo. Se ha escrito mucho sobre Emma Bovary y son muchos los autores que excusándose o plagiando la omnisciencia del XIX, a veces con fines bastardos, han convertido esta novela en un adalid o bandera.
A la hora de analizar el personaje de Emma (c’est moi, que diría su autor) nos encontramos con el germen del Quijote, una mujer desgraciada que lee novelas románticas y vidas de santos, que bebe vinagre a palo seco con el único objetivo de sufrir, una adolescente inmadura que se odia a sí misma por ser como es, al estar atrapada en su propia individualidad, inscrita en un entorno claustrofóbicamente provinciano que no la define, pero sí determina.
No reconocer los valores que tiene sería nefasto intelectualmente, sin embargo, ¿qué ofrece de nuevo al lector de hoy? Probablemente la respuesta esté en quién sea capaz de percibir cómo hay más de 160 cambios de narrador, que no de punto de vista y, a la vez, cómo su lectura identifica el relato con una labor titánica, especial, desbordante y a veces antipática, más que en Anna Karenina o La Regenta.
Se suele olvidar a la hora de entender el sentido del humor de Gustave Flaubert el libro El loro de Flaubert de Julian Barnes,  que ofrece sustanciosas claves y merece la pena.

Calificación: Esplendida, hasta la extenuación.
Tipo de lector: Dispuesto a disfrutar de un personaje que se eleva.
Tipo de lectura: Sencilla, entretenida.
Argumento: Emma y sus vaivenes.
Personajes: Además, Charles y Sancho Panza tienen amplias similitudes.
¿Dónde leerlo? En un lugar de la Mancha…


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