Los pícaros y los canallas van al cielo

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

De nuevo, otro libro de la poderosa autora canadiense Elizabeth Smart con el que deleitarnos. Escrito casi veinte años después de En Grand Central Station me senté y lloré, la protagonista de su historia monologa y poetiza sobre lo irremediable de tener hijos y vivir soltera en Inglaterra, asumida ya la pérdida de toda compañía masculina que se precie; de día trabaja en una monótona oficina y de noche en un cabaret, de tal forma que esta doble vida, en vez de complacerla, la lleva a abismos de culpabilidad y locura de los que se sabe dueña. Tampoco cabe en su persona rencor contra su ex marido poeta, por lo que a pesar de las rarezas literarias de las que sigue bebiendo, también encontramos referencias literarias a pudibundos dandis, salmos bíblicos y hasta el Cantar de los Cantares, de donde agrupa una tonada lírica nada convencional.
Encontramos a la vez, más dispersión en lo que está propiamente narrado y es en los huecos entre reflexión o frase donde esta vez está la poesía. La protagonista hace inventario de una vida que considera malograda, por más que muchas la envidian en tanto elogia a los que no se mostraron y renunciaron a su parcela de éxito para patalear, disconformes, y no precisamente en el cielo, criticando con saña la idiosincrasia católica, a favor de una humanidad en la que para existir o ser, no sea necesario manifestarse.
Una crítica al ego como algo que perturba la necesidad de alimentarse de uno mismo y donde las viejas y bellas imágenes de ella suplicando un bocadillo, se pierden en un equipaje que jamás existió.

Calificación: Hermosa.
Tipo de lectura: Poética, además el libro aporta referencias explicativas a lo que considera citas, gran trabajo de editor.
Tipo de lector: Preferiblemente público femenino aunque no es indispensable.
Argumento: Aventuras y desventuras de una linda loca.
Personajes: Muy humanos.
¿Dónde leerlo?: En una estación de tren cualquiera.


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