El juego del ahorcado

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

El pasado, pasado está, se suele decir, pero por mucho que nos empeñemos, no podemos eludirlo. Lo olvidamos por momentos, de manera natural, con el paso del tiempo; y no queremos desprendernos de él cuando todavía está muy cerca del presente. De cualquier modo, siempre estará ahí. Y para Sandra, la protagonista de la primera novela de Imma Turbau, El juego del ahorcado, ha llegado el momento de recordarlo. De recordar una historia que pasada está, ante la que intenta demostrar indiferencia, conciliación, pero ineludible.
Una semana después de que David, su amigo de la infancia y primer novio, se haya suicidado, Sandra se pasa la noche recordando la historia: tirando poco a poco de la madeja de hilo cuyo extremo empieza en su infancia y termina en el suicidio de David. Es una novela corta, que comienza con un tono conocido, aquél semejante a una novela más sobre estas tramas de amor complicada y que sin embargo toma, en el momento preciso, un tono personal e íntimo, construyendo una narrativa que arrastra al lector a un intrigante relato, turbio en ocasiones, invitándole a quedarse hasta el desenlace (que es también el comienzo). Ambientada en la Cataluña de los años 80 y sin necesidad de mencionar la provincia por su nombre, de la que Imma Turbau describe lo imprescindible para dibujar el escenario, la autora relata su conversión de niña a adolescente – en contraste con la adulta de ahora -, su desarrollo personal y emocional, una evolución en la que David le acompañó hasta prácticamente su madurez (y cuyo fantasma se dispone a enterrar ahora). En el transcurso de esos años tienen cabida todas las emociones propias de una niña de buena familia que se enamora del rebelde del barrio y se rebela contra sí misma, aquellas sensaciones que impactan al descubrirlas por primera vez, contadas por un personaje perfilado de manera en que todos nosotros, o la mayoría, nos podemos ver reflejados en algún momento de nuestras vidas. Cuando miramos hacia atrás, a través de un cristal ya de otro color y nos decimos: Pero qué tonto fui.
Corta novela para disfrutar durante un par de días o tres de buena literatura sin pretensiones, en forma de una historia común que mezcla amor e intriga, ternura y sexualidad, desamores y sensatez. Lo básico para un rato de lectura despreocupada. ¿Qué más se puede pedir?
Texto cortesía de Paula Pinilla
Calificación: Interesante.
Tipo de lectura: Relajada y amable.
Tipo de lector: Cualquiera.
Engancha desde el principio y no sobra nada.
Personajes: Sencillos y bien perfilados.
Argumento: Fácil e inquietante.
¿Dónde puede leerse?: Junto a una ventana por si hay que recordar.
¿Dónde puede comprarse?: Tal vez internet sea la mejor opción.


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