Elogio de la locura

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Ensayo didáctico y esclarecedoramente interesante de uno de los  pensadores más revolucionarios y a la vez más irreverentes de su panorama histórico; desde la contemplación de lo miserable de la condición humana, a partir de la falsedad e hipocresía como premisas de toda verdad, por científica (hasta el momento) que fuera; muchos tacharon al autor de injusto, pues en este breve pero enjundioso texto, no deja títere con cabeza: monjes, reyes, novelistas.  Su franqueza no le excluye ni a él mismo ni por supuesto a las proles adocenadas por el poder reinante que, en este momento de transición que supone el humanismo, tanto dinero están haciendo con el pueblo, vendiendo prebendas y oraciones a cambio de un falso bienestar. Hasta cierto punto, y desmitificando también a filósofos y sabios, cada uno carga con el mea culpa de unos tiempos a la vista no tan distintos a los nuestros, quizás por la deuda que en el acerbo dejaron.
Para Erasmo de Rotterdam, locura es lo mismo que estulticia y de este concepto parte para, con serenidad, entregar un manuscrito escrito casi a vuela pluma que se iría corrigiendo, de intenciones claramente satíricas hacia todo lo que se mueve y parece un homínido. Desde el prólogo se nos insta a pensar que existió relación con Tomás Moro, por lo que quizás un buen complemento sea su Utopía; existe, sin embargo, una manera de proclamar de puertas adentro, explicaciones a fenómenos como la risa detonante de toda argumentación sesuda, la necesidad de autobombo como brote generador y que cierra el círculo vicioso de las alabanzas, lo que quita de fuste a toda actividad humana por digna que parezca.

Calificación: Lúcida.
Tipo de lector: Entretenido en sátiras, pero sabiendo que o sale humilde, o no sale.
Tipo de lectura: Aficionado a los clásicos del pensamiento que no son demasiado sesudos.
Argumento: Por muy superior que le parezca su oponente, no se preocupe, también caga.
Personajes: La condición humana.
¿Dónde leerlo? En Alemania o cerca de un lugar al que asociemos rigidez de costumbres.


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