Cumbres borrascosas

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Cumbres borrascosas es un melodrama. Una obra que pretende emocionar al público con situaciones en las que dominan sentimientos muy intensos. En la que se superponen el odio y el amor.
Fue acusada de paganismo, y de ferocidad en la expresión de los sentimientos, tras su publicación en 1847. Era cierto. La modernidad criticó la novela por su exceso dramático y su romanticismo. También era cierto.
Hoy es considerada una de las obras maestras de la literatura universal.
Por su innovador mecanismo narrador, en el que una serie de voces se van relevando para contarnos la historia desde la primera persona. Porque por encima de sus exageraciones, consigue excusar sus faltas a lo verosímil con la creación de una trama matizada e intensa; de una atmósfera opresiva, oscura y confusa que atrapa a los protagonistas en una pesadilla que se prolonga durante dos generaciones. Una obsesión, una maldición, un designio.
Pero lo que más ha inquietado a los estudiosos contemporáneos, planea sobre la novela desde fuera del texto. Emily Brontë, como sus hermanas Anne y Charlotte, dieron a la luz al mismo tiempo tres obras extraordinarias, con las que consiguieron escapar de un infierno de soledad, pobreza y aislamiento por medio de la literatura. Construyendo realidades que las ayudaron a continuar viviendo. Viviendo mediante la ficción.
Porque lo que traslada Emily a esos Whuthering Heighs es el análisis, sin duda, de un horror que la terminó sofocando. Los inmensos vacíos de aislamiento y la brutalidad de los ambientes rurales del Yorkshire en la era de la revolución industrial, la injusticia de una sociedad compartimentada en clases, el abismo de la incultura y de la ignorancia; el papel decisivo otorgado al hombre, como amo del universo a quien la mujer ha de estar sometida.
No intentó revelarse, ni reivindicar. Solucionó su grito de angustia con un final místico y extemporáneo.
Cumbres Borrascosas está compuesta con un lenguaje rebuscado y grandilocuente al que no cuesta acostumbrarse, propio de la época en la que se escribió y apropiado, hoy, para la historia que cuenta.
Brontë transgredió todos los límites, deslizó imperceptible a sus protagonistas hacia el lado más oscuro de la mente, el lugar donde están la crueldad, el adulterio, la alienación y el desorden, el masoquismo; se acercó a explorar la necrofilia, el abuso y el incesto; en un mundo donde la mujer era un objeto marginal que solo era capaz, como Pandora, de concitar los males en torno suyo.
Es revelador el lugar que ocupan los libros dentro del libro. Como arma de soborno, como algo sin lo que no se puede vivir, como consuelo.
Los momentos terribles que encierra la narración son tan poderosos que sobre su estructura se montaron una decena de películas de cine. La interpretaron Laurence Olivier y Merle Oberon para la versión de Wyller de 1939. La dirigió Buñuel en 1953, titulándola Abismos de pasión. Juliette Binoche y Ralph Fiennes dieron vida a sus personajes en la penúltima secuela filmada por Kosminsky en 1992.

Calificación: Excepcional.
Tipo de lector: Cualquiera.
Tipo de lectura: Sencilla, una vez que el lector se adapta al lenguaje y a las claves narrativas.
Argumento: Olvidando lo que de peyorativo tiene el término, el de un culebrón.
Personajes: Desgarrados e intensos.
¿Dónde puede leerse?: Retirado en la campiña inglesa o en el llano castellano.
¿Dónde encontrarlo?: En cualquier librería.


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