Cosmópolis

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

El personaje protagonista de esta novela está convencido, y con ello arrastra a su prójimo, de que sin dinero no hay tiempo; construido desde una imagen que lo mismo podría pertenecer, desde la imagen de un bróker tecnificado de Wall Street, a la banda de ganadores o perdedores del sistema, Eric Packer vive una osada jornada diaria donde llegar con vida es su máxima aspiración, convertido a su vez en un eslabón menoscabado de una cadena productiva y, a la vez, en una unidad infinitesimal de información de todo un engranaje. La supervivencia, vista desde lo pequeño (casi invisible), nos hace ver la decadencia de unos tiempos, como premisa deconstruida y deshumanizada.
El día durante el que transcurre la trama está lleno de movimiento y confort vacío y es que instalarse en la comodidad de antiguas guerras ganadas, supone perder el presente, por eso Kafka está tan presente. Eso y un pesimismo atroz. Sin duda, intuimos que Eric va a bajar de su escalón profesional antes de que lo haga, desde el principio le vemos imbuido en una corriente que le hace a la vez creador de instintos y naúfrago, actor y actante.
La novela está dedicada a Paul Auster, lo que no sabemos es si DeLillo en Cosmópolis utiliza esta dedicatoria en clave amistosa o irónica, ya que Packer no es sólo un guapo deprimido, sino alguien resignado a trabajar o hacer dinero (sólo por existir) y que lo hace bajo amenazas nada fantasmales, tan reales como la inexistencia de un espacio o tiempo diáfanos, que tal vez pudiera rellenarse, si es que lo hace, con su ego.

Calificación: Excelente.
Tipo de lector: Más exigente que el de Auster.
Tipo de lectura: Frenética, desasosegante a pesar de su brevedad.
Argumento: Un día en la vida de un perdedor, su sucesor le espera con un revolver.
Personajes: También está Berno Levin, que es el antagonista perfecto.
¿Dónde leerlo?: Lejos de cualquier vorágine.


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