La señora Dalloway

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Virginia Woolf es una de las grandes renovadoras.
De la literatura, por novelas rupturistas con la época en la que escribió, entre las dos grandes guerras; del feminismo, por sus reflexiones sobre la mujer en textos como Una habitación propia; y también del pensamiento por la aplicación de los complejos procesos psicoanalíticos que genera en la creación de sus personajes.
La señora Dalloway (1925) es el paradigma.
Y lo que transmite al relato una energía descomunal, aparte de la lucidez en la percepción de las realidades y de la empatía con los seres que desfilan por las páginas, es el hecho de utilizar como trampolín el marco más vetusto: el viejo espíritu de la Inglaterra imperial; Londres, que sale gracias a Virginia de la niebla en que le sumergiera Turner; The Season.
Porque todo lo que sucede en la novela, sucede en una conciencia universal el día en que La señora Dalloway da una fiesta mundana.
Una narración de impresiones y de pensamientos que va de lo diminuto de las fibras de la hoja de un árbol, a lo general de la luz brillante del verano que lo impregna todo, con un trasfondo pagano y panteísta.
El narrador de Virginia va saltando de un personaje a otro, dibujando el mundo con arabescos de colores, coreografiado como un ballet, en el que hilos imperceptibles unen a los seres humanos entre sí, y también con la naturaleza, mientras que fuerzas misteriosas los repelen. Un narrador que va entrando en la mente de los personajes, interpretándolos para el lector.
De esta manera Virginia Woolf pensó la Inglaterra secular y la reveló al siglo XX. Es una de los grandes escritores de todos los tiempos.

Calificación: Obra maestra indiscutible.
Tipo de lector: Cualquiera.
Tipo de lectura: Lúdica y brillante.
Personajes: Vivos.
¿Dónde puede leerse?: En Londres, sentados en Green Park.
¿Dónde encontrarlo?: En tu librería habitual de nuevo o de viejo encontrarás diferentes traducciones.


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