Solar

Artículo escrito por: Carmen Neke

En una entrevista televisiva con Ian McEwan sobre esta novela el autor, de una manera inconfundiblemente británica, corrige al entrevistador cuando éste afirma que el libro está escrito en clave de comedia: más que una comedia, dice, es una sátira. Y el protagonista Michael Beard tampoco pretende ser una parábola del mundo occidental, aunque es cierto que ambos tienen en común su capacidad de crear el caos que va a llevarles a su destrucción a causa de su ambición, su avidez, su falta de disciplina y autocontrol. La ciencia y el cambio climático son temas que dan poco juego en la literatura, afirma McEwan, y la sátira puede ser una manera de hacerlos más digeribles para el lector.
La novela gira en torno a un personaje tan inteligente y brillante como despreciable, un físico ganador del Premio Nobel que subsiste gracias a su reputación y a los múltiples comités y actos públicos a los que es invitado, mientras asistimos al hundimiento de su quinto matrimonio en un juego mezquino de poder y crueldad disfrazado de buenas maneras. Como telón de fondo se nos presentan las investigaciones científicas sobre energías alternativas sometidas a la tiranía de las modas, la opinión pública y los dictados económicos. La salvación del mundo, es la cínica conclusión a la que se llega, no se va a alcanzar a través de la virtud y el idealismo sino por medio de esta misma ambición y falta de escrúpulos de la que hacen gala todos y cada uno de los personajes que desfilan por el libro.

Calificación: Merece mucho la pena.
Tipo de lector: Libro poco apto para lectores idealistas, muy recomendable para el resto.
Tipo de lectura: Amena, inquietante, perturbadora. Y estupendamente bien escrita.
Engancha desde el principio.
No le sobra ni una página.
Argumento: Un Premio Nobel de Física es celebrado públicamente por su trabajo en energías alternativas mientras su vida personal acumula cada vez más residuos susceptibles de acabar con él.
Personajes: A cual más cretino.
¿Dónde puede leerse? En la playa, no hay que huir siempre del cliché.


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