Manhattan Transfer

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Esta novela nos recuerda que Manhattan fue un día una isla en construcción vertical, que por primera vez en la historia, una obra humana, una maravilla del mundo, fue fruto de un esfuerzo colectivo, pero involuntario. Una acumulación de ambiciones, mezquindades, sueños y traiciones, miedos y esperanzas que construyeron el icono de la modernidad.
Una nueva Nínive como la de Jonás: grande sobremanera, recorrida en sus tres días de extensión por bombas de incendios, por trenes elevados, por barcos a vapor que hacen sonar sus sirenas en la niebla, por vehículos automóviles que desplazan sobre el macadam a los transportes de tracción animal. Urbe habitada por hombres con sombreros de fieltro y mujeres con ondulación permanente. Cosmópolis apresurada.
Como reflejo de esa ciudad nueva que surge, John Dos Passos construye una novela infinita, fragmentada por historias que se entrecruzan y se separan, con personajes descritos con la eficacia de un vistazo, con pinceladas impresionistas de imágenes y sonidos, de olores y de meteoros que muestran/simbolizan una sociedad cambiante; descripciones inteligentes y sagaces. Un lugar en el que cada vez conocemos a más gente y poco a poco la conocemos mejor, o la perdemos de vista, o la olvidamos porque ya no cuenta en nuestras vidas.
Como los incipientes rascacielos de Manhattan, la narración es prismática, poliédrica, formada por caras que varían dependiendo de su exposición a la luz, pero también de nuestro movimiento en torno a sus moles, que lo ensombrecen todo. Vértice del mundo la llama el escritor.
Puede ser que por primera vez en un relato ambicioso, la literatura se nutra de un lenguaje que acaba de aparecer y que lo transformará todo, el cinematógrafo, en el que el montaje de las imágenes en movimiento crea una nueva realidad que se sorprende de sí misma.
La estación ferroviaria de transferencia, Manhattan Transfer, revolucionó el sistema de transportes y aceleró la ciudad, Dos Passos utilizó su nombre como metáfora del movimiento que no cesa, de un lugar físico donde todo converge, corazón del sistema circulatorio de la nueva capital del mundo.
Es, sin duda, una de las novelas que ha contribuido a crear el mito de la Gran Manzana.

Calificación: Muy buena.
Tipo de lector: Atento.
Tipo de lectura: Se complica por la ambición y la desmesura del mundo que encierra, más que por su lenguaje, hermoso, pero accesible.
Argumento: Intenta la creación de un mundo.
Personajes: Definidos repentina, perfecta, paradójicamente.
¿Dónde puede leerse?: En Nueva York.
¿Dónde encontrarlo?: Deberían tenerlo en cualquier librería y en las de segunda mano, en infinitas traducciones y ediciones.


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