Viajeros por el conocimiento

Artículo escrito por: Augusto Prieto

En oposición a lo que es –o debería ser- habitual, la exposición de la Residencia de Estudiantes de Madrid, Viajeros por el Conocimiento, parece en este caso el pretexto para la edición de un catálogo de gran interés documental. Porque la base de ambas, muestra y edición, es una serie de conferencias que se dictaron en esa institución en las décadas de los años veinte y treinta del pasado siglo. Unas charlas interesantes que el libro recoge y la exhibición solo consigue evocar por medio de fichas, documentos y fotografías, que se fijan mejor en el catálogo.
Al albur de los itinerarios de grandes visionarios de ese siglo, un comité hispano-británico presidido por el duque de Alba, y una Sociedad de Cursos y Conferencias, pretendieron presentar en nuestro país los descubrimientos que ampliaban el mundo.
Leo Frobenius despertó el interés de Ortega y Gasset con sus investigaciones sobre las culturas primitivas de África, donde vivió diez años y sobre las que recopiló un importante archivo; y  Howard Carter despertó gran expectación con su relato del descubrimiento de la única tumba inviolada del valle egipcio de los Reyes.
Hugo Obermaier dio varias charlas, destacadamente sobre sus estudios de las cuevas de Altamira.
C. G. Bruce habló sobre sus Asaltos al Everest; T. A. Joyce reveló los sorprendentes hallazgos mayas de la Columbia Británica; y Joseph Hackin pronunció dos conferencias ilustradas sobre la misión francesa que excavó en Afganistán. Paul Pelliot ilustró a los asistentes sobre las Cuevas de los Mil Budas, en el Turkestán chino; Charles Leonard Wooley dio parte del desenterramiento de la ciudad bíblica de Ur, y Francisco Iglesias de su expedición científica al Amazonas.
Las conferencias fueron accesibles y divulgativas; leídas hoy, nos acercan la emoción que consiguieron transmitir esos héroes a la sociedad española. Se añade un extenso material documental gobernado sabiamente por Estrella de Diego, que comisaría la exposición y edita el catálogo junto con José García Velasco.
De Diego centra su visión en el hombre frente al acontecimiento; en la transitoriedad del arte y de las civilizaciones.
En el momento en que escribo éstas líneas, los Budas de Bamiyán han sido borrados para siempre de la faz de la tierra por el fanatismo religioso. Las cuevas de Altamira permanecen cerradas por los problemas que suponen las visitas masivas. El yacimiento arqueológico de Ur, en Irak, se selló con tierra y nunca se ha vuelto a reabrir; y el mundo tiembla por los tesoros de los museos de Egipto, mientras se desconoce aún el alcance de los daños provocados por un puñado de vándalos ignorantes entre los objetos del ajuar funerario de Tutankamón. La Amazonia se agota a pasos de gigante y en las cumbres del Himalaya se acumula la basura de las expediciones de aficionados, que han convertido la montaña más alta del mundo en un objeto más de consumo.
Nada se puede decir de las culturas africanas porque han desaparecido a causa de la voracidad del expolio colonial, y la costa de los mayas se ha convertido en un destino barato de sol y playa que opaca la miseria que lo rodea.
¿Habremos hecho mal algo?

Calificación: Muy interesante.
Tipo de lector: Aficionados a la exploración y la arqueología.
Tipo de lectura: Sencilla.
Argumento: Historias de grandes descubrimientos.
Personajes: Intrépidos.
¿Dónde puede leerse?: En el jardín de la Residencia, que es un remanso de paz en medio de la ciudad.
¿Dónde encontrarlo?: En la sede de la Residencia y en librerías especializadas.


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