ene 31 2011

El Principito

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Bello, lírico, enigmático y con final abierto. Cuento largo, de Antoine de Saint Exupéry que fue aviador, viajero y escritor. Supone un hallazgo el leerlo y releerlo. No sólo por lo inclasificable de su propuesta que podríamos simplificar como de literatura infantil o juvenil con ramalazos de ciencia-ficción y, a su vez, como libro insigne para aprender a leer, encontrando en cada uno de sus capítulos enseñanzas morales y, a la vez, puertas abiertas a la imaginación.
Y es que el principito como personaje no es más que un estado mental y si me apuran dentro de otro y así sucesivamente; con él descubrimos que la capacidad de narrar imaginando puede llegar a ser inagotable y su lectura es tan apta para el niño que se acerca con ojos inocentes a su primera historia como para el anciano que necesita del poder de la ficción para agarrarse a algo.
La edición del Cincuenta Aniversario cuenta no sólo con las ilustraciones originales, sino con los borradores que el autor realizó, bocetos en los que se demuestra el arte de Saint-Exupery no sólo con la narrativa, sino también con el dibujo.
Es además ésta una obra que utiliza elementos simbólicos a estudiar, debido a que el principito es un extraterrestre que, nacido del pensamiento de un moribundo, interpreta el Universo, encontrando por el camino a seres tan dispares como el borracho, el vanidoso o ese geógrafo que se niega a ser explorador, desde los que da debida cuenta de la profunda soledad en que el ser humano vive inmerso, soledad que desde un mensaje filosófico de alteridad se insta a que sea compartida, para que no viva desolada; de ahí que por más conocimientos que se atesoren, la búsqueda resulta estéril si no se comparte.

Calificación: Imprescindible.
Tipo de lector: Dispuesto a disfrutar de los cuentos de siempre y también a pensar.
Tipo de lectura: Sencilla y honda. Releíble por todos siempre.
Argumento: Reflexiones de un viajero de otro mundo al topar con la condición humana.
Personajes: Destacar también el del zorro, con el que todos aprendemos algo más que a ser sagaces.
¿Dónde leerlo? Junto a una guía de viajes sucesivos y, si puede ser, intercontinentales.