ene 10 2011

Desde mis poemas

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Compilación realizada por Cátedra de los cuatro poemarios del escritor zamorano Claudio Rodríguez. Ya en la declaración de intenciones inicial se nos hace partícipes de una visión a la vez deudora del clasicismo y las vanguardias. Castilla y León, el Cantábrico y sus estados de ánimo proyectados sobre el paisaje y paisanaje de sus gentes, no le son ajenos, cultivando con astucia y prolijidad en el verso largo no sólo retratos y semblanzas majestuosos, deudores y a la vez independientes de los de Sánchez Mejía o Don Guido, donde se trasplanta por magia una visión ambivalente del camino, espejismos en que palabras como el miedo o el silencio se explicitan y racionalizan.
En Don de la ebriedad, escrito con tan sólo 17 años, el autor implanta un modo de observación de la naturaleza que a veces es contemplación juiciosa, por momentos alucinante, viciada y mágica, para terminar evocando una reflexión que es distinta en cada lector según la experiencia vivida. Esa ebriedad que tan poco tiene que ver con el clásico in vino veritas, se hace aquí tan diamantino como en San Juan de la Cruz, y a la vez trata de quitarse importancia a sí mismo.
Algo que llama la atención además es la velocidad como meta en los versos, lo que convierte su obra en algo moderno y capaz de transustanciarse en lo que es y en lo que parece con suma facilidad. El ultraísmo y futurismo están pues presentes, y es que hay algo artísticamente encomiable y es su coherencia interna; los cuatro poemarios bien podrían ser todos un poema, y a la vez todos uno solo, y esto se logra no sólo en beneficio de la temática a tratar, sino de la forma y profundidad en sus propósitos.

Don de la ebriedad
Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.

Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!

Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?

Y, sin embargo -esto es un don-, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.

Calificación: Extraordinario.
Tipo de lector:  Decidido a no encontrar respuestas vitales.
Tipo de lectura: Incisiva y plácida; perezosa y concentrada.
¿Dónde leerlo?  En una casa de campo plácida escuchando a una avutarda.