Slim Aarons, Once Upon a Time (Frank Zachary)

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Slim Aarons es un destacado fotógrafo estadounidense, trabajó para las más prestigiosas revistas: Harper´s Bazaar, Vogue y Travel & Leisure, entre otras. Su especialidad fue retratar a los ricos: aristócratas, estrellas de cine, millonarios. Los fotografió en su país y también en Europa. Comenzó a hacerlo al terminar la guerra mundial y en este libro se hace una selección de sus trabajos hasta la década de los ochenta del siglo pasado.
Un trabajo desconcertante. Porque por debajo de la fachada benévola que pretenden las instantáneas, va consolidándose en las imágenes, a lo largo del tiempo, una atmósfera cruda y perturbadora. Los personajes aparecen aislados en su bienestar, enmarcados en sus casas fabulosas frente al mar, en los salones de los palacios inmensos o delante de sus fachadas.
Según avanzaba ese siglo XX que Aarons capturó, una crueldad inasible se infiltra en las fotografías dotándolas de una fuerza estupefactiva. Se ve claramente comparando la diferencia entre la imagen de Cayetana de Alba guiando su landó frente a la fachada de Liria, 1958; con la de su hija Eugenia niña, en 1976, grotescamente kitch ante el retrato de su antepasada ilustre, pintada por Goya. Imitando su postura.
Aarons transforma a los privilegiados -en Santa Bárbara, en Nueva Inglaterra, en Palm Springs- en habitantes de un mundo tecnicolor; mientras que incide sobre lo anacrónico en el retrato de la aristocracia europea, vana, decadente, poderosa en su herencia iconográfica.
Las anécdotas que salpican los pies de foto añaden un valor a lo contado con imágenes, como lo hacen los estilismos, especialmente los de la década de los ochenta. (La princesa Bianca Hanau-Schaumburg, en su chalet de Gstaad, bellísima, con un mono rosa indescriptible, con unas botas peludas, con un cinturón de ¿ocelote? Tremenda, teñida, rodeada de estalactitas de hielo. ¿Cómo pudo salir airosa de esa foto?)
Es poderosísima la imagen de la familia del príncipe Massimo, fotografiada en el palacio Massimo alle Colonne, con la que cerramos el libro sintiéndonos observados; y también la de la princesa Colonna, con su hijo Próspero, en el salón del palacio dedicado a la memoria de su antepasado, Marcantonio, capitán general de la Iglesia en la batalla de Lepanto. Estremecedoras en sus bellezas artificiosas -amplificadas por la mise en scene- Eva Gabor, Audrey Hepburn o Lauren Bacall.
Los paisajes abiertos, como el que recoge la portada (Son los Guest, madre e hijo, en Villa Artemis, Palm Beach, 1955), quedan definitivamente congelados –en el menos metafórico sentido de la palabra- en la fotografía.
Once Upon a Time, Erase una vez, es como su nombre indica un cuento de hadas y una rememoración. Como en todos los cuentos hay brujas (las hermanas Young, tres auténticas arpías) y princesas encantadas, miradas tristes y príncipes valientes (el Honorable Timothy Jessel, delante de su Jaguar rojo, 1955), todos salen (¿o entran?) de su hechizo por la magia de la técnica. Es un testimonio histórico importante, donde los ricos muestran cierto rostro humano que parecen haber perdido hoy, con la voracidad abstracta de los mercados y la manipulación del photoshop, cierta ingenuidad, como la de la fotografía de Jackie Kennedy, empañada por la pérdida de la inocencia que supuso una guerra que devastó un mundo que –recordemos- sobre todo era de ellos.
¿Fueron felices?

Calificación: Muy Bueno.
Tipo de lector: Aficionados a la fotografía y la crónica social. Cazadores de anécdotas.
Tipo de lectura: Escasa, un par de textos introductorios bastante intrascendentes.
Personajes: Exquisitos o grotescos pero inquietantes todos.
¿Dónde puede leerse?: En la cama, desayunando huevos Benedict, por supuesto.
¿Dónde encontrarlo?: En la librería de Elena Ochoa, Lady Norman Forster, en Madrid, tienen un impresionante catálogo de libros de fotografía. www.ivorypress.com


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