La broma infinita

Artículo escrito por: Carmen Neke

David Foster Wallace era un escritor excesivo, prolijo, desmesurado. Y es que era un escritor de un enorme talento creativo, un auténtico constructor de mundos propios. Sabía, como hoy día saben pocos autores, que un mundo no se crea en un par de horas y unas cuantas líneas, que hay historias que necesitan tiempo y espacio para desarrollarse. Y en La broma infinita le concedió a su historia y sobre todo a sus personajes todo el tiempo y el espacio que necesitaban, que era mucho. Resulta increíble que hubiera un editor lo bastante loco para publicar una novela de tal envergadura, que se tomara en serio un manuscrito de más de mil páginas más notas finales. Pero lo cierto es que quien tenga los arrestos de embarcarse en esta lectura, quien esté dispuesto en estos tiempos de prisas y placeres instantáneos a dedicar semanas o meses a un solo libro, va a poder tener una experiencia lectora inolvidable.
La novela es extraña, caótica e irracional como la vida misma. Los personajes se nos van presentando a retazos y sin explicaciones, en su presente y en su pasado, en sus circunstancias independientes que acabarán formando una red de conexiones personales a veces lógicas, a veces insospechadas y algunas veces totalmente absurdas. Todos los personajes comparten su desarraigo, sus adicciones diversas de las que intentan escapar, sus torpezas humanas y sociales que se interponen a sus anhelos de conectar con algún otro sere. El detallismo con el que el autor se extiende a la hora de relatarnos las miserias y los fracasos de estos personajes se une al humor y a la fina ironía que alejan todo patetismo, también a la enorme empatía hacia sus criaturas que siente su creador, para quien el infierno en el que viven sus personajes no debió de ser muy ajeno. Todos estos elementos, unidos a la incuestionable destreza narrativa de Foster Wallace y su perfecto dominio del complejo entramado estructural que maneja, hacen de esta novela una lectura demoledora, compulsiva, amena y gratificante, al menos para quien aún sea capaz de ingerir enormes dosis de literatura en estado puro.

Calificación: Fuera de categoría.
Tipo de lector: Con la musculatura lectora en muy buena forma y con el estómago a prueba de bombas.
Tipo de lectura: Extrema, de las que cortan la respiración de lo buena que es.
Engancha desde la primera línea, pero algunos pasajes requieren buenas dosis de paciencia.
No le sobra ni una sola página de las mil y pico que tiene.
Argumento: La vida tal como puede llegar a ser dentro de muy pocos años, aunque para algunos ya es así en la actualidad.
Personajes: Seres desgarrados y desgarradores de toda clase y condición, capaces de mantener diálogos inolvidables en las circunstancias más absurdas.
¿Dónde puede leerse?: Donde le dejen tranquilo durante un buen rato, el libro exige y merece concentración por parte del lector.


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