nov 2 2010

Juan sin tierra

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Juan sin tierra sin herencia sin territorios Juan errante como judío maldito literario recorredor del mundo : destructor del lenguaje : mil novecientos setenta y cinco : ogro de la literatura : deconstructor : termina porque termina poniendo punto final a su aleatoria inspiración erigiéndose en crítico y escamoteándose de sus juicios ignorantes : hurtándose : recordemos que el inquilino de El Pardo terminaba su proceso de putrefacción : mil trescientos noventa y cinco : asociaciones de ideas que planean y plantean un viaje : el mundo tropical de unos ancestros de herencia envenenada : el mundo de los árabes que es el desierto : el mundo de los árabes que no es el desierto : Nubia : Estambul : Gardahïa : una raza maldita de fornicadores y herejes que emerge de la hoja en blanco : imponiendo su existencia física en el papel gracias a una suntuosa proliferación de signos : viajes del cuerpo y de la mente : alucinación consciente : Lawrence de Arabia : Cavafis : Anselm Turmeda : Michel de Foucauld : Ebeh :  rabia : anarquía : transgresión : mundo de palabras : vómito sobre el orden establecido la familia la procreación la sociedad bienpensante : sacrilegio provocación nausea : voluntad de extraviar al futuro lector con consecuencias : lectores que se niegan a definir encorsetar la lección bien aprendida : lo escatológico lo podrido lo grotesco lo anal : la lección de historia sobre el proceso de escribir : la catarsis : la escritura como alegoría sexual : la palabra como metáfora sensual : fragmentación de un todo interconectado : escritor personaje escritor.

Calificación: Muy interesante e insólito.
Tipo de lector: Decidido e intenso.
Tipo de lectura: Compleja.
Argumento: Arbitrario.
Personajes: El pasa a ser el personaje en una identificación posible de este con el lector.
¿Dónde puede leerse?: Pide la concentración del hogar o del desierto.
¿Dónde encontrarlo?: En tu librería habitual deberían tenerlo.


nov 2 2010

Un mundo sin fin

Artículo escrito por: Daniel Glez. Irala

Continuación de las aventuras e historias de los herederos de Los pilares de la Tierra. Lo primero que llama la atención en este tocho best-seller es la senda y el aire apocalíptico que, en esta ocasión, el autor aporta como atmósfera a la novela. De esta forma, mientras la primera parte versaba sobre la idea de la construcción de la hermosa catedral de Kingsbridge en Inglaterra, así como de la idea de génesis u origen como algo placentero, esta obra ambientada en el mismo lugar dos siglos después, no obvia los elementos referidos a ingeniería y construcción, pero se centra en un devenir mucho más oscuro y crepuscular, donde el hambre, la guerra y la peste negra, convierten a los personajes en algo más que meros testigos de la maravilla mundial para verse sujetos a traiciones e intrigas de diversa índole; a la vez, la ciudad quiere abrirse al exterior por lo que el campesinado vive cada vez más pobre, los reyes y sus condes pelean por alargar territorios y el clero a veces escucha y otras manda.
Merthin, un obrero con ambiciones acepta el reto por parte del rey Eduardo III de construir un puente de piedra que una el condado de Kingsbridge con las ciudades más próximas, de esta forma, el comercio se rehabilita y familias enteras que no tenían con qué comer, pueden reinsertarse en un mercado donde el vellón y la lana son sus principales recursos de subsistencia. Merthin se encuentra con numerosos obstáculos por parte de Godwyn y sus hombres, más conservadores, pero se acaba realizando así como la obra que une el priorato con la Isla de los Leprosos, lugar donde también se construirán casas y cuyo fin rehabilitador es predominantemente social.

Calificación: Muy buena
Tipo de lector: Todo aquel interesado en las historias y la Historia.
Tipo de lectura: Amena y amable.
Argumento: Conflictos en torno a la obra civil subsidiaria a la catedral de Kinsbridge; si buscan el elemento picantón de Los pilares de la Tierra no lo encontrarán.
Personajes: Precisos si bien igual un poco maniqueos.
¿Dónde puede leerse? En una casa de campo, lejos del mundanal ruido.