La papisa Juana

Artículo escrito por: Augusto Prieto

La historia de una mujer que llegó a ocupar el trono de Pedro aparece vaga, pero repetidamente, en las crónicas de los historiadores, y hacen referencia a ella autores tan destacados como Bartolomeo Platina, que fue secretario de los Papas Pío II y Pablo II, y prefecto de la Biblioteca Apostólica con Sixto IV. Emmanuel Royidis lo destacó en el prefacio a la edición definitiva de este libro, acompañándolo de una larga lista de autoridades que mencionaron a la Papisa. Lo hacía para evitar las críticas de falsedad que se alzaron con la publicación de la novela en 1886, y que culminaron con la prohibición del libro y la excomunión de su autor.
Lo que sí es claro, es que Royidis apoya este retrato histórico de Atenas y Roma en el siglo IX sobre un conocimiento exhaustivo de la historia y manejando con soltura los escritos de los santos y las autoridades de la iglesia; también, que lo hace con la intención de construir una sátira contra las iglesias cristianas, especialmente la occidental, por su apropiación de los símbolos y ritos del paganismo, por la simonía y la corrupción de su clero, por el tráfico y la adoración de despojos humanos convertidos en reliquias.
Lawrence Durrell tuvo conocimiento de esta obra transgresora y decidió traducirla y adaptarla del griego al inglés, base de la única edición en castellano que conozco, producida por Edhasa; en su prefacio, define la novela como una especie de breve informe sobre la historia y las desventuras de Eros, desde que el cristianismo lo transformó, de ser un dios, en un movimiento secreto de resistencia.
La Papisa Juana es una sátira histórica, con un discurso hábilmente trazado, pero sin excesivo valor literario, y es más curiosa que interesante. Es irreverente, sacrílega y procaz; picante y levemente erótica. Emmanuel Royidis hace guiños al lector con comparaciones extemporáneas y maneja a su capricho las vidas de los santos y los escritos de los filósofos, no perdiendo  ocasión para criticar a poetas contemporáneos, o la política del día, en esta farsa. No perdamos de vista que utiliza, para esta crítica feroz, la venenosa lengua griega.
Es evidente que por mucho apoyo histórico que tenga la existencia de Juana, la narración que hilvana el autor es fruto de una capacidad de fabulación enorme, que esconde todo rigor original; pero no deja de ser entretenida; y sobre su tema, habida cuenta de la desquiciada historia de la cristiandad medieval que define el escritor como una inconsistente e indigesta fusión de hebraísmo e idolatría, podía haber tenido perfecta cabida semejante personaje. Como dicen los italianos: Se non è vero, è ben trovato.

Calificación: Curiosa.
Tipo de lector: Cualquiera, abstenerse cristianos renacidos.
Tipo de lectura: Entretenida.
Argumento: Sugerente.
Personajes: Se convierten en verdaderos y humanos.
¿Dónde puede leerse?: En los lugares que se me ocurren quizás sea acertado cubrir el título de las guardas (y nada de pantalón corto, ni camisetas de tirantes, ¡ustedes ya saben!) porque tienen sus propios y arbitrarios cuerpos policiales.
¿Dónde encontrarlo?: Supongo que en www.iberlibro.com que es en donde lo conseguí yo.


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