El árbol de la ciencia

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Si existe en la literatura algo llamado realismo, debería de ser esto: una crónica social que es relato de la vida de un individuo, donde las descripciones, directas y sin artificio, se suceden hasta el exceso: de las personas y sus familias, de los paisajes, de las ciudades y los pueblos de España y de las sociedades que componían su población en los finales del siglo XIX. Ha de recordarse que El Árbol de la Ciencia, fue publicado por primera vez en 1911. Su autor, Pío Baroja, lo consideró su obra más lograda y mejor compuesta.
Es uno de los libros de obligada lectura en los institutos, o al menos lo era hasta no hace mucho tiempo, quizás porque los expertos en educación entiendan que ha de ser más liviano para los jóvenes, por estar compuesto en capítulos breves y esquemáticos, en los que se maneja un castellano preciso y abundante, pero carente de dificultad. También por su ortodoxia formal, su previsibilidad. Puede ser que los que lo incluyan en los planes educativos, año tras año, se equivoquen, porque es una obra en la que el paisaje social se queda antiguo, congelado en un pintoresquismo que a los adolescentes les resulta en general antipático, porque carece de fantasía y su pulso narrativo es continuo, sin momentos álgidos.
Sin embargo esa falta de fantasía que perciben los adolescentes, es el mayor valor de la novela, porque Baroja ha sabido apartarse, apartar la literatura, para dejar la verdad de una vida no cierta. Eso demuestra en un escritor sabiduría y generosidad.
El Árbol de la Ciencia es una novela muy madrileña, ambientada en su mayor parte en los rincones de la capital; retrata una España que lucha por salir de un atraso de siglos para alcanzar una tardía ilustración. Un país dividido -al que ya habían hecho referencia otros escritores y filósofos- entre conservadores y liberales, bárbaros e ilustrados, entre la tradición y la modernidad, lo ciudadano y lo provinciano. Una visión pesimista, en general, que percibimos a través de la juventud y maduración de su protagonista, Andrés Hurtado, que es un misántropo cerebral, frío, un héroe idealista con quien resulta difícil simpatizar. Es una novela de iniciación a la vida. Su tema principal es el progreso y las fuerzas que lo intentan detener. Todo el libro está dominado por la razón y lleno de referencias a la medicina, que es la profesión que estudia y después ejerce Hurtado y sus compañeros. Es cierto que las ideas que sostienen el tema central debieron de ser avanzadas en la época pero hoy no podemos dejar de observar prejuicios, seguramente inevitables, pero ingratos. Porque los ciclos históricos hacen cambiar las formas de enfrentarse a lo leído.
Un repaso a las ideas filosóficas que influyeron al autor y su relevancia para el avance social, ocupa en forma de diálogo, uno de los capítulos y justifica el título, implacablemente agnóstico y antirreligioso.
Por su mensaje, de profundo pesimismo y por cierto matiz impresionista en las descripciones, se adscribe a Baroja a su generación, la de los escritores del 98, en vez de al Realismo del que participa y con el que convive.

Calificación: Es una lectura correcta y conveniente.
Tipo de lector: Cualquiera.
Tipo de lectura: Cómoda y sencilla.
Argumento: Rápido y consecuente, bastante previsible.
Personajes: Atractivos y veraces, aunque el protagonista se hace antipático.
¿Dónde puede leerse?: En cualquier parte.
¿Dónde encontrarlo?: En cualquier librería.


1 Respuesta en “El árbol de la ciencia”

  • elle.ventura ha escrito:

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