Muerte en la vicaría

Artículo escrito por: Carmen Neke

Se celebra estos días el 120 aniversario del nacimiento de Agatha Christie. Una conmemoración que sirve como excusa para que los autores actuales de novela policíaca se despachen a sus anchas contra la abuela del género: sus novelas serían inconsistentes, artificiales, con personajes arquetípicos y sin crítica alguna hacia la sociedad de lujo que se refleja en ellas. El único mérito de la autora consistiría en haber sabido mantener su popularidad durante decenios, aunque en la actualidad sus novelas amarilleen en librerías de viejo.

Como bien diría la señorita Marple: cuánta maldad hay en el mundo. Agatha Christie no escribió literatura ni pretendió jamás que sus obras tuvieran dimensión literaria alguna. Eran las suyas novelas de entretenimiento, con una intriga insólita en el mejor de los casos y muy predecible en los otros, que se situaban en los ambientes que la autora conocía bien: los pueblos de la campiña inglesa, el Londres de entreguerras, las colonias británicas en Oriente Medio. Sin grandes derroches de color local, son los diálogos los que van trazando las situaciones, los ambientes y la psicología de los personajes, lo mismo que los comentarios al margen de esos narradores en primera persona tan deliciosos y tan tendenciosos de los que se sirve en muchas de sus obras. Con una sana dosis de cinismo, Christie supo convertir en héroes novelescos a los personajes socialmente más inaceptables, como era el caso de una vieja cotilla o un extranjero ridículo de marcado acento francés. Y así como de pasada fue plasmando de manera implacable los peores defectos de la sociedad en la que vivía, su racismo, su xenofobia, su clasismo trasnochado y su nostalgia por un imperio que se estaba desmoronando. Todo ello sin perder jamás la sonrisa ni el debido respeto a las formas, que la escritora era toda una dama.

Muerte en la vicaría es una novela prototípica de Agatha Christie. La intriga es banal y el elenco de personajes presenta todos los prototipos imaginables de la vida de un pequeño pueblo inglés. Pero en esta novela también se pone de manifiesto el mayor acierto de la autora, y el motivo por el que sus novelas se sigan leyendo con el mismo gusto sesenta años después de su publicación. La señora Christie vivió en el campo y en la ciudad, viajó por el mundo y trabajó en excavaciones arqueológicas. Y todo esto le enseñó que los motivos que mueven a los seres humanos son siempre los mismos, en todos los lugares, todas las culturas y todos los tiempos. Agatha Christie supo ver lo universal de los instintos humanos, y supo plasmarlos en sus novelas con un estilo único lleno de contención, ironía y buenas maneras. Los amores, odios, rencillas, envidias y simpatías de St Mary Mead van a seguir siendo muy reconocibles para los lectores del siglo XXI.

Calificación: Encantador, con su punto de angostura.
Tipo de lector: Cualquiera, absolutamente cualquiera.
Tipo de lectura: Limpianeuronas, es como una sauna mental.
Engancha desde la primera línea.
Argumento: El típico caso del cadáver que aparece en la vicaría, los múltiples sospechosos y las pistas falsas que pretenden despistar al lector. El argumento es lo de menos, lo delicioso son los diálogos y las frases como aguijones que va intercalando la autora en ellos.
Personajes: Los sospechosos habituales en este tipo de novelas, con un papel estelar para la señorita Marple y sus anécdotas pueblerinas que siempre la llevan a pensar lo peor de todo el mundo y de esta manera descubrir la verdad.
¿Dónde puede leerse? Perfecto para el metro o el autobús, o para no volverse loco durante las fiestas patronales de su lugar de residencia.


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