sep 20 2010

Las vísperas sicilianas

Artículo escrito por: Augusto Prieto

El lunes de Pascua de 1282, cuando las campanas de todas las iglesias de Palermo tocaban a vísperas, el pueblo se levantó con una sola voz contra la dominación francesa, iniciando una masacre que se conocerá en el tiempo como Las Vísperas Sicilianas. El levantamiento inició la caída de Carlos de Anjou, y sus consecuencias fueron decisivas para la historia de Europa.
Fue una conspiración tramada entre Constantinopla y Barcelona, por la diplomacia más poderosa del mundo, la de Miguel Paleólogo, Emperador de Bizancio, con la colaboración imprescindible de Juan de Prócida, Canciller de Aragón, que defendía los derechos dinásticos de su señora, la reina Constanza.
Las Vísperas Sicilianas supusieron la independencia de la isla de Sicilia, su incorporación a la órbita de la Casa de Aragón e impidieron a Carlos restaurar el Imperio Latino de Oriente y alcanzar para el papado el sueño de una monarquía universal.
Sir Steven Runciman fue un destacado historiador, conocido sobre todo por su obra La Caída de Constantinopla, 1453; y destaca por utilizar en sus rigurosos estudios históricos, técnicas narrativas cercanas a la novela; es estricto en el análisis de las fuentes y las conclusiones, que expone razonadas y objetivas, pocas veces desliza su opinión subjetiva aunque cuando lo hace, hiere con lo certero de su ingenio. Runciman nació y murió con el siglo XX, fue políglota, de educación clásica y se especializó en la Historia del imperio Bizantino y de las Cruzadas. Sus obras se leen como lo que son: novelas de aventureros y de aventuras en las que se investiga el encadenamiento de causas y efectos que convierten la Historia en una materia viva.
Algunos de los personajes de esta narración, aparecen encerrados por el Dante -en su Divina Comedia- en los círculos del Infierno y el Purgatorio. Desfilan por las páginas caballeros legendarios: Manfredo de Hohenstaufen, el bastardo real que amenazó el poder temporal de los Papas; el joven  y valiente Conradino, rey titular de Jerusalén, cuya ejecución, a los dieciséis años, removió la conciencia de Europa y que los alemanes han considerado siempre, según el autor, el mayor crimen de la Historia; Carlos de Ajou y su sueño de gobernar un Imperio sin igual desde la época de Justiniano; y Gregorio X, el pontífice que intentó la unión de las iglesias de Constantinopla y Roma en el concilio de Lyon, ante el que el Ilkhan de los Mongoles de Persia envió dieciséis embajadores. Las alianzas matrimoniales se despliegan entre las páginas del libro con la suntuosidad de un tapiz oriental.
El libro está editado por Reino de Redonda del escritor Julián Marías a quien hemos de agradecer el esfuerzo editorial de haber puesto a disposición de los lectores en español, obras indispensables que permanecían ocultas o sin traducir, de Vernon Lee, de Conrad o de Yeats entre otros.
Las Vísperas Sicilianas fueron popularizadas por Giuseppe Verdi en una ópera en cinco actos con versiones en francés y en italiano, cuyo libreto, de la mano de Scribe, califica Runciman como absurdo.
Es una historia apasionante donde los hechos se suceden vertiginosos. Una narración vigorosa, que mantiene el suspense sin la composición de falsos cuadros históricos; profundiza en el carácter y las motivaciones de los actores con una visión única de conjunto. Una obra madura y exacta.

Calificación: Muy Bueno.
Tipo de lector: Cualquiera. Aficionados a la Historia.
Tipo de lectura: Amena.
Argumento: Muy entretenido y novelesco.
Personajes: Grandes y ambiciosos.
¿Dónde puede leerse?: En Sicilia o en tu casa.
¿Dónde encontrarlo?: Búscalo en tu librería favorita.


sep 20 2010

Muerte en la vicaría

Artículo escrito por: Carmen Neke

Se celebra estos días el 120 aniversario del nacimiento de Agatha Christie. Una conmemoración que sirve como excusa para que los autores actuales de novela policíaca se despachen a sus anchas contra la abuela del género: sus novelas serían inconsistentes, artificiales, con personajes arquetípicos y sin crítica alguna hacia la sociedad de lujo que se refleja en ellas. El único mérito de la autora consistiría en haber sabido mantener su popularidad durante decenios, aunque en la actualidad sus novelas amarilleen en librerías de viejo.

Como bien diría la señorita Marple: cuánta maldad hay en el mundo. Agatha Christie no escribió literatura ni pretendió jamás que sus obras tuvieran dimensión literaria alguna. Eran las suyas novelas de entretenimiento, con una intriga insólita en el mejor de los casos y muy predecible en los otros, que se situaban en los ambientes que la autora conocía bien: los pueblos de la campiña inglesa, el Londres de entreguerras, las colonias británicas en Oriente Medio. Sin grandes derroches de color local, son los diálogos los que van trazando las situaciones, los ambientes y la psicología de los personajes, lo mismo que los comentarios al margen de esos narradores en primera persona tan deliciosos y tan tendenciosos de los que se sirve en muchas de sus obras. Con una sana dosis de cinismo, Christie supo convertir en héroes novelescos a los personajes socialmente más inaceptables, como era el caso de una vieja cotilla o un extranjero ridículo de marcado acento francés. Y así como de pasada fue plasmando de manera implacable los peores defectos de la sociedad en la que vivía, su racismo, su xenofobia, su clasismo trasnochado y su nostalgia por un imperio que se estaba desmoronando. Todo ello sin perder jamás la sonrisa ni el debido respeto a las formas, que la escritora era toda una dama.

Muerte en la vicaría es una novela prototípica de Agatha Christie. La intriga es banal y el elenco de personajes presenta todos los prototipos imaginables de la vida de un pequeño pueblo inglés. Pero en esta novela también se pone de manifiesto el mayor acierto de la autora, y el motivo por el que sus novelas se sigan leyendo con el mismo gusto sesenta años después de su publicación. La señora Christie vivió en el campo y en la ciudad, viajó por el mundo y trabajó en excavaciones arqueológicas. Y todo esto le enseñó que los motivos que mueven a los seres humanos son siempre los mismos, en todos los lugares, todas las culturas y todos los tiempos. Agatha Christie supo ver lo universal de los instintos humanos, y supo plasmarlos en sus novelas con un estilo único lleno de contención, ironía y buenas maneras. Los amores, odios, rencillas, envidias y simpatías de St Mary Mead van a seguir siendo muy reconocibles para los lectores del siglo XXI.

Calificación: Encantador, con su punto de angostura.
Tipo de lector: Cualquiera, absolutamente cualquiera.
Tipo de lectura: Limpianeuronas, es como una sauna mental.
Engancha desde la primera línea.
Argumento: El típico caso del cadáver que aparece en la vicaría, los múltiples sospechosos y las pistas falsas que pretenden despistar al lector. El argumento es lo de menos, lo delicioso son los diálogos y las frases como aguijones que va intercalando la autora en ellos.
Personajes: Los sospechosos habituales en este tipo de novelas, con un papel estelar para la señorita Marple y sus anécdotas pueblerinas que siempre la llevan a pensar lo peor de todo el mundo y de esta manera descubrir la verdad.
¿Dónde puede leerse? Perfecto para el metro o el autobús, o para no volverse loco durante las fiestas patronales de su lugar de residencia.