Los 10 mandamientos de la mujer 11

Artículo escrito por: Augusto Prieto

El que escribe, lo hace con perplejidad. Carmen Lomana se pone bíblica y publica un libro. Esto. En la presentación dijo que era “una charla entre amigas y no una obra literaria”. Nos deja más tranquilos.
Al que escribe, apartado del ruido mediático, la Lomana le fascina. La espía en secreto en los artículos de ¡Hola!, en los comentarios de Shangay y las grabaciones de Youtube; desconoce su faceta televisiva porque está algo apagado, así que ver el libro en los anaqueles de la librería le sobresalta.
Carmen Lomana es una señora que abandonó un día San Sebastián, ni siquiera se llevó sus vestidos de Yves Saint Laurent “¡para que luego digan que soy una mujer vacía y materialista!”
Las citas de Carmen Lomana, se suceden en la Moleskine del que escribe, tras la “A” de Almodóvar y la “H” de Huysmans:
“Lo que me está pasando me parece un fenómeno psicológico digno de estudio.”
“Wagner me parece un peñazo. En España alucinan con él por una cuestión de esnobismo, pero en Alemania no hay quien le soporte.” (Carmen no es wagneriana, podríamos decir)
“Igual hay gente a la que le produce placer tener un gran barco y sacarlo a la esquina del puerto para comer, a mi eso me aburre que me mata, prefiero tener un velero e ir con la persona a la que quiero a navegar y vivir como salvajes. No poner una exposición de barcos a ver quien tiene el más grande. El efecto demostrativo me horroriza.”
El efecto demostrativo.

Tendría que haber publicado un libro de citas, con perdón, aunque todavía está a tiempo.
En este, hay mucho más de lo que parece: pensamientos que nunca antes habían sido puestos por escrito ( “todo debe hacerse con sentido común”, “cada persona es distinta”, “no se debe ir a la playa con tacones”); claves enigmáticas (“el traje de baño es una cuestión muy personal” o “la piel resulta fundamental en el sexo”); y apuestas firmes por el choque de civilizaciones (“La reina Rania me fatiga un poco, es una reina demasiado fashion para representar a un país como Jordania”). Algún capítulo se interna en el surrealismo, como el titulado “¿por qué no me pongo chándal?” (“para andar por la calle, no lo veo”). Hay consejos de una banalidad estremecedora, claro que para profundidades ya teníamos a madame de Châtelet, la amante de Voltaire, no siempre vamos estar con lo mismo. Carmen recomienda invertir en una buena cubertería de plata, incluso en dos iguales, y nos cuenta que una de las bases de su alimentación es comer cuando tiene hambre.
Carmen elige –si es que elige Carmen- una serie de mujeres elegantes cuyas fotografías se muestran, y nos sorprende lo acertado de la elección y lo infrecuente. Es lo mejor del libro. Aparecen  sucesivas (y no exhaustivas): Daisy Fellowes, Tamara de Lempicka, Consuelo Crespi, Babe Paley, la Princesa Pignatelli, Elsa Martinelli o Marisa Berenson. No, no se ha atrevido a añadir su foto, Carmen no es tonta aunque pueda parecerlo, además, ya está en la portada.
El libro termina con una lista de sus sitios favoritos en cuatro capitales de Europa y sus retiros dorados en Bali, en Capri y en Salzburgo.
Carmen le dijo al Maharaja de Udaipur en su fiesta de cumpleaños: “Es usted fantástico y muy atractivo”. El Maharaja parecía que iba a cumplir cien años. Además le encantó la música india “Parece que vayan a salir cobras”.
¡Bravo, Carmen!
Escribió Paul Eluard: “Hay otros mundos, pero están en este”

Calificación: Incalificable.
Tipo de lector: Desahuciado por la ciencia.
Tipo de lectura: Como me decían a mí en el colegio: “podías haber hecho más
¿Dónde puede leerse?: En el metro, supongo.
¿Dónde encontrarlo?: En la FNAC lo tienen en la sección de Sociología, para que no se pierdan.


1 Respuesta en “Los 10 mandamientos de la mujer 11”

  • Núria A. ha escrito:

    De verdad, que hay gente en este mundo para que haya de todo. Al menos, en este caso, sirve para algo, gracias a esta reseña, podemos partirnos de la risa. Gracias Augusto, gracias.