Atlas maior

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Mediado el siglo XVII, el mundo se desperezaba. Los ricos comerciantes de Portugal y los Países Bajos navegaban los mares; y británicos y españoles habían completado, por fin, la visión de las costas de los territorios descubiertos en los siglos anteriores.

El sueño pertinaz del hombre de acercarse a los dioses y poseer todos sus conocimientos, llevó a un holandés, Willem Janzoon Blaeu a concebir la aventura editorial más importante de todos los tiempos, la cartografía del Universo: Atlas maior, sive cosmographia Blaviana, qua solum, salum, coelum, accuratíssime describuntur.

Se publicó en latín, en 1662 y de las prensas salieron once volúmenes, que contenían casi seiscientos mapas y vistas de ciudades. Impreso en tintas negra y roja, muchos conjuntos fueron coloreados a mano y algunos ejemplares, miniados con oro y plata. Fue regalo de reyes y emperadores. La belleza de los mapas, decorados con escudos heráldicos, con figuras alegóricas, con rosas de los vientos, lo convierten en una obra excepcional y han sido también su maldición, puesto que desde antiguo, las láminas fueron dispersadas para ornato de burgueses.

La corrección de las distancias y de los accidentes geográficos es lo más exacta que se pudo conseguir en la época para cada región y en algunos casos, asombrosa.

Como en la crónica del impostor Suárez Miranda, fechada en Lérida en 1658, en la que los cartógrafos de un imperio grandioso concibieron la tarea demente de levantar un mapa que tenía el tamaño del Imperio mismo y que coincidía puntualmente con él; aquí aparecen regiones enteras de bosques cuyos árboles están dibujados uno a uno, ciudades como Moscú en las que se puede recorrer las calles casa por casa, de la misma manera que podemos ver la flota amarrada entre las fortificaciones de la dársena de Brabante. Un prodigio. La vista completa del monasterio de San Lorenzo, en El Escorial y todas sus planimetrías dan nota de la importancia documental de esta obra.

Se imprimió después en otras lenguas, vulgares para la época, como el francés y el holandés; la edición en español quedó para siempre incompleta por el incendio de la imprenta que destruyó las planchas y el sueño de una cosmología que solo cabe imaginar. Se conoce como Geografía Blaviana.

Para esta obra singular Joan Blaeu, junto con su hermano Cornelius, y Wilhem, padre de ambos, se basaron en las cartografías de Ortelius y en los cartularios a su alcance. Solo existen colecciones completas en las más importantes bibliotecas del mundo. En algunos palacios e institutos oficiales se diseñaron muebles exclusivos para exponerlas, es excepcional  el ejecutado por  Johannes Schrinerii para el príncipe John William de Orange, Gobernador de Frisia, que se conserva en el Tresoar de Leeuwarden. Los grandes señores europeos encargaron fastuosas encuadernaciones con sus armas grabadas en superlibris.

Un atlas completo, que el que escribe estas líneas tuvo el privilegio de ojear, era una edición francesa deslumbrante, encuadernada en pergamino romano y su precio superaba los trescientos mil euros.

Existe una impresión francesa, facsímilada, y recientemente Tachen ha publicado una recopilación en un volumen inmenso, muy interesante para acercarse a la obra, algunos de cuyos ejemplares originales pueden consultarse en línea desde las bases de datos de prestigiosas instituciones.

La petición de imágenes de Atlas Blaeu, en uno de los motores de búsqueda de la red global, arroja de inmediato, sobre la pantalla del computador un mundo fragmentado y prodigioso. Cuenta también Suarez Miranda en su Viajes de Varones Prudentes, que en los Desiertos del Oeste del Imperio, perduraban todavía ruinas del mapa, habitadas por animales y por mendigos.

Calificación: El Rey de los Atlas.

Tipo de lector: Cualquiera.

Tipo de lectura: Descriptiva y simpática.

¿Dónde puede leerse?: En el silencio de una biblioteca, viajando.

¿Dónde encontrarlo?: En la red o en importantes bibliotecas. La edición de Taschen en librerías especializadas en arte y viajes.


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