ago 18 2010

Frankenstein

Artículo escrito por: Augusto Prieto

La reciente edición, por parte de Espasa Calpe, del manuscrito original descubierto en la Biblioteca Bodleiana, en la que se incluyen ambos: el texto original de Mary Wollstonecraft y la versión clásica, con las correcciones y añadidos de mano de Percy B. Shelley, son el pretexto ideal para acercarse de nuevo o por vez primera a una de las obras literarias más grandes, más brillantes y más sentidas que se hayan publicado jamás.
Una novela excelsa que ha influido como ninguna otra sobre el pensamiento, el cine y la literatura, porque es hermosa y profunda.
Todos sabemos de lo mistérico de su concepción: una villa neoclásica frente al lago de Ginebra en una oscura noche de tormenta de 1816. Conmovidos por la soledad alpina y la lluvia incesante, se encuentran dos inmortales: Byron y Shelley, poetas, británicos, expatriados; sus respectivas amantes, Claire Clairmont y la joven de dieciocho años Mary Wollstonecraft Godwin; y el médico personal de Byron, John William Polidori, de veintiuno.
Inspirados por la magia del momento, deciden componer unos relatos de terror, y lo que comienza como un juego, se convertirá en la noche, en la más lúcida pesadilla que la mente humana haya podido maquinar.
Un espanto  inimaginable, porque se hunde en el más profundo de los terrores humanos: La Soledad.
Todos sabemos que el doctor Frankenstein desafía a la naturaleza y a los dioses, como un Moderno Prometeo, creando de la nada una criatura que piensa y siente. Un ser aterrador y desamparado a quien tememos porque es depositario de nuestros más ocultos temores.
El resto, olvidando las versiones cinematográficas que le son infieles y espurias, es una historia de amor a la humanidad, de miedo a la soledad y al abandono. Una novela que comienza con un atractivo juego de narradores en un paraje de desolación magnífica, los hielos árticos. Cuando la voz del doctor comienza su narración, quedamos apresados por un relato tan conmovedor e hipnótico que no nos permite abandonarlo y nos enfrenta, como un espejo negro, con todo lo que podíamos temer de la naturaleza humana. Nuestra naturaleza.
Por esta edición sabemos que Mary Shelley tuvo una intuición de inmortalidad y pudo tocar la gloria gracias a ella, sabemos también que su esposo la ayudo a perfeccionar el manuscrito con acertadas correcciones y anotaciones. Una leve ayuda para una obra descomunal.
Quizás esta noche el lector, sumergido en la penumbra de su cuarto, se pueda acercar al miedo.  Al poder de la naturaleza, a las virtudes de la compasión, a lo desconocido; y sepa entonces que a través de dos siglos, una joven de dieciocho años  desgrana en su oído una profunda historia de amor… entonces, se duerme, pero se despierta; abre los ojos y ve aquella cosa horrorosa de pie, a su lado, abriendo las cortinas del dosel, y mirándolo con aquellos ojos inquisitivos, amarillentos y acuosos…
Calificación: Extraordinario. Obra maestra incontestable.
Tipo de lector: Cualquiera
Tipo de lectura: Amena
Argumento: Estremecedor y hermoso
Personajes: Viven a través de nuestros miedos.
¿Dónde puede leerse?: En cualquier parte.
¿Dónde encontrarlo?: En tu librería favorita.


ago 16 2010

Diario de lecturas

Artículo escrito por: Carmen Neke

¿Por qué querría alguien leer un libro en el que el autor habla sobre los doce libros que se ha leído durante un año, y las conexiones que ha ido estableciendo entre estos libros y su vida cotidiana, sus recuerdos personales, las noticias y sus otras lecturas? Puede haber dos motivos fundamentales: o bien los libros comentados le interesan mucho al lector, o bien el autor es capaz de contagiar su estusiasmo por estos libros.

Alberto Manguel consigue esto último en su libro Diario de lecturas. Los doce libros que comenta, uno por mes, son todos relecturas y por tanto libros a los que el autor quería volver por motivos muy diferentes según el caso. Manguel es un escritor, pero aquí se nos muestra esencialmente como lector, como el poseedor de una biblioteca a la que ama por encima de muchas otras cosas y como alguien que sabe gozar de sus lecturas. En varias ocasiones dice que leer es establecer conexiones entre lo leído y el mundo personal del lector: su realidad diaria, su pasado, los otros libros de su biblioteca. Conexiones puramente subjetivas y casuales, que van formando una obra nueva con cada lectura, porque nunca va a haber dos lectores que lean el mismo libro. En su diario Manguel nos va ofreciendo su lectura personal de los títulos elegidos, no para decir la verdad última y absoluta sobre ellos sino como una invitación al lector a que acuda a estos libros y haga su propia lectura personal de ellos. Al final de la introducción afirma:

Para el lector, cada libro existe en un estado de ensueño, hasta que las manos que lo abren y los ojos que lo examinan despiertan las palabras a la consciencia. Las páginas que siguen son mi intento de dejar constancia de algunos de esos despertares.

Calificación: Encantador.

Tipo de lector: Amante de libros sobre libros.

Tipo de lectura: Muy agradable y accesible, cumple perfectamente la máxima clásica de “enseñar deleitando”.

¿Dónde puede leerse? En cualquier parte.

¿Dónde comprarlo? Encárguelo en una buena librería, donde después también podrá encargar alguno de los títulos que se comentan en este libro. Que el entusiasmo de Manguel por sus lecturas es contagioso en grado sumo.


ago 13 2010

París no se acaba nunca

Artículo escrito por: Carmen Neke

En París no se acaba nunca, Vila-Matas hace un retrato implacable de sun yo juvenil durante los dos años que vivió en Saint-Germain-des-Prés, como un joven impostor que asume todas las poses de sus modelos literarios porque está convencideo de que esa es la única forma de llegar a ser un auténtico escritor. Me divertí muchísimo con su imagen de muchacho vestido de negro (la desesperación le parecía entonces la única actitud válida ante la vida) que se sentaba en la terraza de un café a leer a los poetas malditos franceses con un par de gafas falsas que debían darle el necesario aspecto de intelectualidad. No veía nada con ellas puestas, pero lo importante no era leer a estos poetas sino la pose, el ser visto leyendo tales libros. También me hizo reír el hecho de que no fuera capaz de entender una palabra del francés que le hablaba su ilustre casera, Marguerite Duras, según un amigo debido al hecho de que la Duras era una gran escritora y por ese motivo hablaba un francés superior.

El autor se ríe de sus locuras de juventud con la misma ironía llena de ternura con la que se ríe de su yo actual, empeñado en conseguir un dudoso parecido físico con Hemingway que le compense del deterioro inexorable de los años. O la ironía con la que recuerda sus problemas técnicos como escritor principiante ante cómo reproducir los diálogos en su novela: ¿separados con guiones, escritos entre comillas? Dilema que acabó siendo resuelto por un artículo de la revista Tel Quel (la biblia de los literatos franceses de vanguardia) que dictaminaba que los diálogos en las novelas eran algo reaccionario y anticuado. El joven Vlia-Matas, que se encontraba en aquel momento en un café rodeado de gente dialogando, decidió que la realidad no tenía por qué afectar en modo alguno a la modernidad narrativa:

Toda aquella gente que dialogaba seguro que eran votantes del político de derechas Giscard d’Estaing y, además, se les notaba mucho que no tenían poética, eran de una vulgaridad aplastante y lo que decían probablemente también.

Finalmente, el aprendiz de escritor termina su novela y vuelve a Barcelona, con la impresión de haber ido a París solamente para aprender a escribir a máquina y para recibir por boca de su casera el criminal consejo de Raymond Queneau: “Usted escriba, no haga otra cosa en la vida”. Y a eso dedicó el resto de su vida, a escribir, agradeciendo además el no haber conocido en París una felicidad juvenil que añorar ahora en sus años de madurez. Porque si bien anhela un parecido físico con Hemingway, no quiere acabar como él: después de haber vivido una vida apasionante y haber ganado el Nobel, acabó al final de sus días sintiendo nostalgia de ese París en el que fue joven, pobre y muy feliz. A Vila-Matas el fracaso de sus experiencias juveniles le salvan de ese tipo de nostalgia, y si bien reconoce que París no se acaba nunca, también confiesa con humor que lo que más le gusta de París es que sea una ciudad sin catedral ni casas de Gaudí.

Calificación: Estupendo.

Tipo de lector: Un libro muy recomendable para todos los letraheridos que sueñan con ir a París a hacerse escritores sentados en los veladores de los cafés. Al menos si saben reírse de sí mismos.

Tipo de lectura: Una fiesta para los amantes de la literatura, un infierno para los demás.

Argumento: Cómo hacerse escritor y no morir en el intento.

Personajes: La bohemia parisina de los años setenta.

¿Dónde puede leerse?: En la terraza del Café de Flore, en Saint-Germain-des-Prés.


ago 10 2010

Déjala que caiga

Artículo escrito por: Augusto Prieto

No es este el mejor de los relatos del interesante escritor en que se convirtió el compositor norteamericano Paul Bowles.
Como en casi toda su obra literaria, el autor investiga en lo que le ocurre a un ser humano cuando intenta huir de sí mismo, cuando busca refugio en un agujero del mapa para escapar. En las novelas de Bowles el agujero es, con frecuencia, la ciudad de Tánger sometida al estatuto internacional, que la convertiría en un ensueño legendario. La misma ciudad que eligió el escritor para cesar en sus viajes y para emprender, desde allí, el más definitivo de todos, hace de ello apenas diez años.
El ambiente, por tanto, está magníficamente descrito y los personajes enredan sus historias decadentes por azares que solo pueden darse en un confín del mundo. Casi todos ellos, confiesa el propio autor en una breve anotación preliminar escrita muchos años después de la publicación de la novela, están dibujados sobre personas reales que dejaron en la ciudad sus sombras. Cosmopolitas, depravados, amorales. Buscándose ansiosamente en el reflejo de los otros para componer sus existencias. El horizonte es el mar loco y el viento que no cesa, las montañas; es la lluvia que oscurece el cielo; lo pueblan las sombras de enigmáticos bereberes; amenazantes.
Todo ello, pues -sombras, horizonte, ciudad y personajes- al servicio de un hombre que busca algo sin saber lo qué es.
Pero Bowles deja a su protagonista, Nelson Dyar, en una indefinición constante, abandonado por personajes espléndidamente perfilados de los que prescinde después y el pretexto parece ser la influencia de la droga. Porque el escritor llevó a cabo personales experimentos sobre el uso de ciertas substancias que se consumían habitualmente en el norte de África, sobre todo con el Majoum. Está también, por supuesto, el quif. Los estados de alteración creados por estas drogas, el provocado también por el consumo de alcoholes y la sublimación conseguida por el impacto de la música, son recreados en la novela de manera magistral aunque no son suficientes para sostener la trama. Falta algo o quizás es que pretendamos encontrar demasiado cuando la intención del autor parece clara: “Deja que él (el futuro) se ocupe de sí mismo” escribe al inicio de la novela; o como demanda el título de la novela, sacado del Macbeth de Shakespeare “-It will Rayne to Night-. Habrá lluvia esta noche. -Let it come downe- Déjala que caiga”. Quizás al fin y al cabo ese es el mensaje que nos quiere transmitir el autor, que eso es la vida.
Quizás somos nosotros los que buscamos demasiado.
Déjala que caiga no alcanza la altura de El Cielo Protector, ni la intensidad de los cuentos. Pero es un libro interesante de leer.

Calificación: Curioso.
Tipo de lector: Interesados en la época dorada de Tánger y la descripción de estados alterados de la conciencia humana.
Tipo de lectura: Concisa, se oscurece con los estados de ánimo de los personajes.
Argumento: Tenue.
Personajes: Bien dibujados, pero sin terminar de construir.
¿Dónde puede leerse?: En Tánger por supuesto.
¿Dónde encontrarlo?: Pídelo en tu librería habitual.


ago 9 2010

Cartas a una amiga veneciana

Artículo escrito por: Nuria A. Quintero

Cartas a una amiga veneciana es una recopilación realizada por José J. de Olañeta y traducida por Manuel Serrat Crespo, de alguna de la correspondencia que Rainer Maria Rilke mantuvo, entre los años 1907 y 1912, con Adelmina Romanelli, mujer burguesa de la sociedad veneciana, con quien mantuvo una relación amorosa, estando casado con la escultora Clara Westhoff y siendo padre de su hija Ruth.
La mayoría de cartas están escritas durante el periodo en el que el poeta trabajaba en sus Cuadernos de Malte Laurids Brigge.
En general, la obra de Rilke es una muestra de la experiencia cósmica que para él era la vida y la muerte. Su obra se caracteriza por estar cargada de un importante simbolismo. Absolutamente romántica, cercana al misticismo. La  influencia, en su obra, de Auguste Rodin, incluso de la de Sigmund Freud,  se hace evidente en sus escritos mediante la observación en estado puro que hace de las cosas.
Leer lo que escriben los escritores cuando lo hacen en su cotidianeidad, sobre la realidad que viven, suele ser un curioso ejercicio, pues nos muestran lo que es difícil observar en sus textos literarios.
Sin embargo, estas recopilaciones quedan cortas y muchas veces sin sentido cuando, como es el caso, no se recogen las que remite a su vez el interlocutor. Esta omisión puede llegar a provocar, junto con el hecho de estar leyendo en un momento totalmente descontextualizado, que nos formemos una idea totalmente equívoca de la personalidad o vivencias que, en un momento determinado, vivió esa persona.
En el caso que nos ocupa, Rilke queda como un patán enfermizo, preocupado sólo en demostrar que su obra es lo único que le preocupa, más que la relación amorosa que mantiene  con Adelmina Romanelli pese a que estamos frente a una correspondencia absolutamente privada. Aparece como un hombre necesitado de los constantes halagos y lisonjas de la interlocutora de las cartas. Contestaciones que demorará durante meses, con la excusa de necesitar concentrarse en su trabajo.
En cualquier caso, esta corta recopilación es una buena muestra de la vida que llevaba uno de los poetas más reconocido de todos los tiempos.

Calificación: Cartas y más cartas.

Tipo de lector: Cualquiera a quien le interese Rainer Maria Rilke.

Engancha: Francamente, no.

Argumento: Las cartas que Rainer Maria Rilke remitió a Adelmina Romanelli.

¿Dónde puede leerse? A la sombra de un pino. O en el sofá de su casa.

¿Dónde encontrarlo? En su librería habitual.


ago 8 2010

Historia de la literatura gay

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Siempre me ha parecido una tontería la discusión sobre si se puede hablar o no de una literatura gay. ¡Claro que se puede hablar!

Son las obras literarias en las que los homosexuales de todo el mundo se han reconocido y las que han utilizado para manifestarse. Son la piedra angular de los movimientos reivindicativos que arrancan en los años cincuenta. Algunas son obras en las que son gays los personajes y otras son los autores los que desvelan, voluntaria o inconscientemente su tendencia sexual o su voluntad de tocar ese tema. Ese corpus literario es la piel de la visibilidad.

(Hablamos, claro está, de la tradición masculina, la femenina, la lésbica, está desgraciadamente más oculta en la historia y doblemente estigmatizada. Una vez más, y el que escribe lo lamenta, no se habla de ella aquí)

Gregory Woods es Profesor titular de Estudios gays y lesbianos de la Trent University de Nottingham, en Inglaterra, que, sospechamos, está situada a años luz de las universidades españolas.

Hace un repaso pormenorizado y exhaustivo de lo gay en la historia de la literatura y no se queda solo en Proust o en Leavitt; en Maurice o en Las Amistades Particulares. No. Woods se arremanga y escarba a fondo en Virgilio y en Dante y en Conrad y en James y en Woolf y en Fleming (Ian) y así hasta completar un imprescindible índice de nombres que llena cinco de las cuatrocientas veintiocho páginas del volumen. Investiga sobre las lagunas de lo gay en la poesía del África postcolonial y en lo escrito sobre el holocausto. Revuelve en las literaturas periféricas.

Es minucioso y riguroso. Este ensayo debería ser de lectura obligatoria para gays y lesbianas y también para profesores de literatura. Para los que no son ninguna de las tres cosas, es una obra interesantísima de consulta e información. Está estructurado por temas que se suceden en secuencia temporal.

Puede ser una guía de lectura fabulosa. El que escribe esta breve reseña siente una gran admiración por el autor a causa de este ensayo.

Calificación: Interesantísimo.

Tipo de lector: Aficionados a la literatura. Gays.

Tipo de lectura: Amena aunque prolija y minuciosa.

¿Dónde puede leerse?: En una biblioteca bien surtida.

¿Dónde encontrarlo?: En www.libreriaberkana.com


ago 7 2010

Me gusta cuando comes croquetas porque estás como ausente

Artículo escrito por: Nuria A. Quintero

Una amiga me coló el enlace a un libro publicado en Bubok (plataforma para la publicación gratuita en Internet) recomendándome su lectura, asegurándome que encontraría la chispa. Reconozco que el título del libro en cuestión no me dejó indiferente Me gusta cuando comes croquetas porque estás como ausente.

Del autor no conocía absolutamente nada, como era natural, así que no tenía nada más que el libro, sin ninguna referencia de su autor José Luís Sánchez-Garrido García, para saber por dónde iba a moverme.

Me gusta cuando comes croquetas porque estás como ausente es un libro de poemas  y relatos intimistas. Es reconfortante leer autores noveles que, como en el caso de Sánchez-Garrido, nos transportan a los umbrales de nuestro propio yo y a descolocarnos ante relatos que parecen disparatados, pero que, en realidad, no lo son.

El título les puede parecer una broma y que, sus textos también lo sean, pero no es ninguna broma, simplemente es así, natural, como los relatos que contiene. Cuando leí la dedicatoria del libro, ese dedicarlo “a la gente güena y a la güena gente”, supe que no me iba a dejar indiferente, pense que sólo quien es capaz de reconocer a los “güenos” puede serlo.

Sus relatos y poemas irradian luminosidad, ganas de perderse entre los escritos y leerlos poquito a poco mientras uno se toma un algo que le refresque el gaznate porque, a mal que uno lea, los escritos de Sánchez-Garrido les refrescarán el alma. Una escritura sencilla, cotidiana, deliciosa.

Me tomo la licencia y copio uno de los poemas que a mí, particularmente, más me ha gustado.

De esta manera

Nunca me hice mayor.

Si acaso he visto el tiempo envejecer a mi lado.

Nunca supe crecer

Ni aprendí de los errores.

Ni tracé futuros

Ni di consejos.

En cada mañana está la primera vez

Duermo fabulando, como los niños

Y no me sé los calendarios.

Nunca llevé reloj

Ni compromisos en los bolsillos.

Nunca me hice mayor

Porque no sé cómo se hace.

Quizás por torpe.

Nunca he sabido calcular la dimensión de mi vida.

No se medir el futuro, ni comprimir el pasado

Y me distraigo con el presente.

Y sin prestarte nunca atención, sin embargo.

Soy yo quien habla de ti.

Clasificación: Poesía y relatos muy entretenidos

Tipo de lector: Cualquiera que no sea un remilgado, pero sienta y viva.

Argumento: Es muy variado.

Donde puede leerse: Una terracita de verano, o en la mesa de la cocina, en cualquier sitio

Donde encontrarlo: Bubok (www.bubok.com). Sean “güena gente”, adquiéranlo y pasen de la versión gratuita en PDF.


ago 5 2010

La sospecha

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

Buen cómic firmado por Matz Mainka que retrata el momento en que el ejército ruso llega a Berlín y lo que va pasando con los nazis más poderosos. Esta novela gráfica se soporta en una trama repleta de asesinatos, idas y venidas de investigadores y malhechores, unas ilustraciones magníficas que nos enseña una ciudad destruida, lo inservible que es todo después de una guerra. El texto, algo explicativo en algunas viñetas, acompaña perfectamente al dibujo desde el principio hasta el último trazo.

Mainka es un autor muy hábil al narrar. Con un par de viñetas deja claro cómo es el joven alemán durante la postguerra y cuál es su relación con el ejército invasor; con un par de viñetas deja claro cuáles eran las motivaciones de los soldados rusos mientras estaban en el ejército; con un par de viñetas deja claro hasta dónde podía llegar la maldad de unos personajes siniestros que debían salvar el pellejo después de destrozar el mundo. Las viñetas en las que se desarrolla la acción en un aeropuerto son especialmente buenas por su detalle gráfico. Y atención a los dibujos en los que se muestran edificios destruidos y la población intentando arreglar el destrozo.

Por supuesto, este cómic (como tantos otros) puede servir para que ese jovencito que tiene usted en casa y que no lee ni la marca de los productos, se anime con este género que, sin duda, le llevará hasta las novelas o la poesía. Y, aunque no se trata de un hecho histórico, puede ilustrar al que no conoce ese Berlín tan próximo al final de la guerra. Tiene un precio muy asequible y un formato muy cómodo.

Calificación: Muy Bueno.

Tipo de lector: No hay edad, ni ninguna otra pega que impida leer esta novelita gráfica.

Tipo de lectura: Muy divertida y amable.

Engancha desde la primera viñeta. No sobra ni un trazo.

Personajes: Bien desarrollados. Alguno queda lago gris finalmente. Pero no son principales.

¿Dónde puede leerse?: Cualquier lugar está bien aunque los cómic leídos en un parque hacen del momento algo inolvidable.

¿Dónde puede comprarse?: En cualquier librería especializada. También en la Fnac.