Balenciaga

Artículo escrito por: Augusto Prieto

Cuando en 1968, Balenciaga anunció su intención de cerrar sus casas de modas en Madrid, Barcelona, París y San Sebastián, la condesa Mona Bismark, permaneció en sus habitaciones durante dos días sin salir. Porque la condesa, que había sido designada la mujer más elegante del mundo por Chanel, Molyneux, Vionnet, Lelong y Lanvin, sabía que nadie podía vestir a una mujer como lo hacía Cristóbal Balenciaga.
Fue el maestro indiscutible de la alta costura, supero a Chanel y a Patou en el tratamiento de los volúmenes y la selección de las telas, pero sobre todo brilló como una estrella solitaria por la perfección de sus patrones. Sus trajes son obras de arte y se exponen hoy en los mejores museos del mundo.
Vistió a la alta sociedad internacional: Pauline de Rotschild, Gloria Guiness, la duquesa de Windsor, y a la aristocracia española. La exquisita marquesa de Llanzol fue su musa e inspiradora y se dice que durante la guerra mundial, las grandes señoras francesas desafiaban los bombardeos para acudir a vestirse en San Sebastian, chez Balenciaga. Durante sus desfiles, las maniquíes estaban obligadas a permanecer en absoluto silencio y tenían terminantemente prohibido sonreír.
Su gusto era infalible. Fue admirado por Dior y por Givenchy y formó entre otros a Courrèges y a Ungaro. El mundo de la moda desde entonces aspira a Balenciaga, que inspira colección tras colección.
El gran maestro de la moda se retiró, incapaz de someterse a la tiranía del pret-a-porter. Solo abandonó su casa del Monte Igueldo para coser el traje nupcial de Fabiola de Mora y Aragón que se convertiría, por ese matrimonio, en reina de los belgas.
Este libro hace una breve reseña de su vida y de su obra y repasa mediante fotografías de época los más emblemáticas creaciones del genio: el paletó de organza shantung blanco con lunares bordados que hizo enmudecer la sala en la presentación de la colección de 1960, la marinera de piqué blanco labrado de 1953, el bolero bordado con cabujones de azabache de 1940. Las fotografías son de Kublin, de Durst, de Gyennes y posan con los trajes las más elegantes maniquíes de la época, como Maggy o Suzy Parker. El fabuloso retrato de la condesa von Bismark-Schönhausen, con el genial modisto en un segundo plano, es de Cecil Beaton para Vogue y está tomado en las habitaciones de la exquisita en el palacio Lambert.
Balenciaga es uno de los españoles que forman, por derecho propio, parte de la Historia del Arte.
Calificación: Muy interesante.
Tipo de lector: Interesados en Arte y en Moda
Tipo de lectura: Amena
¿Dónde puede leerse?: ¿En los jardines del palacio de Miramar, en San Sebastián?
¿Dónde encontrarlo?: Pídelo en tu librería habitual y lo buscarán para ti.


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