Déjala que caiga

Artículo escrito por: Augusto Prieto

No es este el mejor de los relatos del interesante escritor en que se convirtió el compositor norteamericano Paul Bowles.
Como en casi toda su obra literaria, el autor investiga en lo que le ocurre a un ser humano cuando intenta huir de sí mismo, cuando busca refugio en un agujero del mapa para escapar. En las novelas de Bowles el agujero es, con frecuencia, la ciudad de Tánger sometida al estatuto internacional, que la convertiría en un ensueño legendario. La misma ciudad que eligió el escritor para cesar en sus viajes y para emprender, desde allí, el más definitivo de todos, hace de ello apenas diez años.
El ambiente, por tanto, está magníficamente descrito y los personajes enredan sus historias decadentes por azares que solo pueden darse en un confín del mundo. Casi todos ellos, confiesa el propio autor en una breve anotación preliminar escrita muchos años después de la publicación de la novela, están dibujados sobre personas reales que dejaron en la ciudad sus sombras. Cosmopolitas, depravados, amorales. Buscándose ansiosamente en el reflejo de los otros para componer sus existencias. El horizonte es el mar loco y el viento que no cesa, las montañas; es la lluvia que oscurece el cielo; lo pueblan las sombras de enigmáticos bereberes; amenazantes.
Todo ello, pues -sombras, horizonte, ciudad y personajes- al servicio de un hombre que busca algo sin saber lo qué es.
Pero Bowles deja a su protagonista, Nelson Dyar, en una indefinición constante, abandonado por personajes espléndidamente perfilados de los que prescinde después y el pretexto parece ser la influencia de la droga. Porque el escritor llevó a cabo personales experimentos sobre el uso de ciertas substancias que se consumían habitualmente en el norte de África, sobre todo con el Majoum. Está también, por supuesto, el quif. Los estados de alteración creados por estas drogas, el provocado también por el consumo de alcoholes y la sublimación conseguida por el impacto de la música, son recreados en la novela de manera magistral aunque no son suficientes para sostener la trama. Falta algo o quizás es que pretendamos encontrar demasiado cuando la intención del autor parece clara: “Deja que él (el futuro) se ocupe de sí mismo” escribe al inicio de la novela; o como demanda el título de la novela, sacado del Macbeth de Shakespeare “-It will Rayne to Night-. Habrá lluvia esta noche. -Let it come downe- Déjala que caiga”. Quizás al fin y al cabo ese es el mensaje que nos quiere transmitir el autor, que eso es la vida.
Quizás somos nosotros los que buscamos demasiado.
Déjala que caiga no alcanza la altura de El Cielo Protector, ni la intensidad de los cuentos. Pero es un libro interesante de leer.

Calificación: Curioso.
Tipo de lector: Interesados en la época dorada de Tánger y la descripción de estados alterados de la conciencia humana.
Tipo de lectura: Concisa, se oscurece con los estados de ánimo de los personajes.
Argumento: Tenue.
Personajes: Bien dibujados, pero sin terminar de construir.
¿Dónde puede leerse?: En Tánger por supuesto.
¿Dónde encontrarlo?: Pídelo en tu librería habitual.


1 Respuesta en “Déjala que caiga”

  • Núria A. ha escrito:

    Eso ocurre muchas veces con Paul Bowles. Siempre he pensado que era mucho mejor su esposa, Jane Auer. Eso sin contar que sin ella, él no habría sido nada.Is my opinion.