jul 31 2010

Ver Italia y Morir

Artículo escrito por: Augusto Prieto

No sufrí grandes colas para ver esta interesante exposición en la que Mapfre invirtió parte de sus pingües beneficios. No de la longitud de los que esperan ahora, para ver no se qué impresionistas. Se lo han perdido.

Porque la exposición fue espléndida y curiosamente, por el formato de muchas de las piezas seleccionadas: impresiones fotográficas, daguerrotipos y calotipos, el catálogo complementa bien la exhibición y no desmerece en nada su estudio a pesar de ser de un formato menor.

Repasa el catálogo la creación de la idea de Italia para el imaginario colectivo en la recreación del Grand Tour ottocentesco. Interesantísimo.

La muestra de las placas impresionadas por Ruskin, con la posible colaboración de Hobbes fue excepcional y aquí queda documentada.

No debemos olvidar que muchas de las fotografías se encuentran entre las primeras imágenes de este tipo que se produjeron y recorrieron Europa creando el mito.

Como corresponde, los ensayos son iluminadores en este recorrido por un museo imaginario del arte italiano, abarcan las excursiones fotográficas a la península, el impacto de la escuela de Roma en la fotografía y la mirada arqueológica

No falta el estudio de los tipos, tradiciones y costumbres, incluyendo el Caín y el Fauno de von Gloeden.

Una obra para viajar sin moverse de casa, para documentarse y para hojear, recorriendo los ensayos morosamente en las tardes de añoranza. De nostalgia de Italia.

La exhibición venía de Orsay y edita Skira.

El catálogo merece la pena de verdad para los que no hayan tenido la oportunidad de visitarla

Calificación: Muy bueno.

Tipo de lector: Cualquiera interesado en Italia y en el arte.

Tipo de lectura: Amena e ilustrativa.

¿Dónde puede leerse?: Preparando el Grand Tour.

¿Dónde encontrarlo?: en la librería de la Fundación Mapfre www.mapfre.com


jul 31 2010

Academia de Baile

Artículo escrito por: Gabriel Ramírez Lozano

La gente acude poco a los teatros. Muchos han tenido que cerrar porque los presupuestos no llegan ni para pagar la limpieza.

Antes las formas de diversión eran muy reducidas. Cine, teatro, salas de fiesta y, los domingos, viaje al campo. Treinta kilómetros que tardaban en recorrerse un siglo como poco. Todos hacíamos lo mismo y la cosa era más sencilla.

Antes los teatros se llenaban y muchas de las obras que se representaban eran comedias. Inocentes, picaronas, sobre lo cotidiano. Enredo, un puñado de chistes y unos actores decentes. No hacía falta más. Con esto no quiero decir que fueran un pestiño. Al contrario. Con eso, con poca cosa, se lograban obras inolvidables y treméndamente divertidas.

Una de ellas es Academia de Baile. La firmó Jaime de Armiñán. Y es lo más divertido que puede leerse. Puede ocupar el lugar de un programa infame de televisión que vemos a diario y lo pasaremos mucho mejor. No olviden que una obra de teatro se lee, más o menos, en el mismo tiempo en que se representa. Es decir, en hora y media.

Academia de Baile cuenta lo que sucede en un piso del centro de Madrid dedicado a que un grupo de señoritas enseñen a bailar a todos los caballeros que se dejen caer por allí. Amores, enamoramientos, engaños, parejas imposibles a ritmo de cha cha cha. Humor tan inocente como fino y accesible. Y una técnica de escritura y visión global de la obra exquisita de parte de Armiñán.

Eso sí, esta comedia se estrenó el año 1.962 y contiene alguna intervención que hoy causaría cierto revuelo por machista. Las cosas eran de otra forma. No sé si mejores o peores, pero diferentes seguro. Aún así merece la pena. Encontrar estas obras en las librerías es casi imposible. Sólo en tiendas de viejo existen ejemplares. Lo editó Alfil en su colección de teatro. Busquen, quizás tengan suerte con esta o con otra cualquiera.